Por Gregorio Minetti

Hace dos semanas escribí una previa sobre el tenis en los Juegos Olímpicos, no hace falta releerla, decía algo así: el candidato es Novak Djokovic, segundo Nole, tercero Andy Murray, cuarto Nole otra vez y más atrás Rafael Nadal (por respeto más que nada). Cualquier otra cosa iba a ser una sorpresa. No, ni se me ocurrió pensar en Juan Martín Del Potro consiguiendo una medalla (a mi favor: nadie lo hubiese hecho sensatamente, no sé si el mismo Del Potro, imagino que no). Juan Martín venía en un proceso de recuperación física/tenística/mental, y la verdad que cada vez se lo veía mejor. Pero no, no era un candidato a alcanzar las semifinales (¡y eso que todavía no se sabía el sorteo y esa primera ronda vs Djokovic). Y todo eso es lo lindo del deporte. O del tenis. O de los Juegos Olímpicos. O, a lo mejor, de Juan Martín Del Potro.

Para ser breves, digamos que en el debut tuvo un partido complicado (entendamos por complicado escalar el Everest con los ojos vendados y en medio de una tormenta). No vamos a decir más, con que se entienda que hizo lo imposible, alcanza. Y si no se entiende, o querés ver qué tan imposible era eso, fijate acá:(http://noinventamosnadanuevo.com/11929-2) y vas a ver que no exagero con lo del Everest. En segunda ronda (y al rato de jugar con Nole) lo esperaba el portugués Joao Sousa, más adelante el japonés Taro Daniel y después el español Roberto Bautista Agut. Tres desafíos, tres victorias y cada una más importante que la anterior, pero no nos perdamos en detalles porque en semifinales el rival fue Nadal, y eso sí que estuvo bueno.

Con Delpo y Rafa nos metimos un rato en la máquina del tiempo y pudimos ver un partidazo entre ambos. Pero no entre un Del Potro 2016 después de tres operaciones y casi sin tenis encima y un Rafa 2016 que anda a los tumbos y sin encontrar el rumbo en los últimos dos años. Fue un partido entre el mejor Del Potro y el mejor Nadal (bueno, casi). Pero Delpo volvió a ser ese de un saque y una derecha demoledoras, y una cabeza (o un corazón tal vez) a la altura de esa potencia. Y Rafa fue… Rafa. Ese tipo al que le tenes que ganar los puntos dos y tres veces porque devuelve todo y nunca se da por vencido. Fue 5-7, 6-4 y 7-6 para nosotros (porque esta semana, Del Potro fuimos nosotros, cosa que no habíamos hecho en mucho tiempo). Hace cuatro años Juan Martín perdía contra Federer una semifinal que es historia en el tenis olímpico, esta vez “le tocó” ganarle a Nadal. Fueron más de tres horas de batalla lo que le costó a Juan Martín llegar al tie break decisivo, la puerta a subir uno o dos escalones más en el podio olímpico. Y fue un 7-5 el que selló su pasaje a la final. Y al otro día, y seguramente sin podes asimilar el lugar en el que se encontraba (¿habrá entendido ya lo que hizo en primera ronda al menos?) lo esperaba Murray.

El tandilense, exhausto tras bajar a Rafa

El tandilense, exhausto tras bajar a Rafa

El campeón defensor fue lo único que se interpuso entre Del Potro y la gloria total. Bueno, no… fue lo único que se interpuso entre Del Potro y el oro. A pesar de jugarle de igual a igual por más de cuatro horas al segundo mejor tenista del mundo y el mejor defendiendo, no alcanzó y el británico se llevó el oro. Así que Juan Martín se tuvo que conformar con llevarse la medalla de plata, otra ovación más del público y la mejor semana de su vida tenística. Además, parece que al fin sale (¿salió?) el sol después de las tormentas que fueron sus lesiones. Y también salió para la relación llena de idas y vueltas que mantuvo con el público argentino. Se adueñó de lágrimas, emociones y el cariño definitivo de todos nosotros. Así terminó esta semana increíble (increíble de no creer, no de extraordinario, aunque también) para Juan Martín. Con la esperanza de plasmar en el circuito en forma de títulos y ranking el tenis que mostró estos días y, por qué no, la de estar en Tokio dentro de cuatro años conformándose con pararse un escalón más alto que hoy. Ah, el torneo y el oro fueron para Andy Murray, un tenista extraordinario que bla, bla, bla… no es lo importante (al menos hoy y para nosotros).
Dejando de lado el delpotrismo extremo, y dando un vistazo en general, en la idea de equiparar la importancia de un oro olímpico a la de un título de Grand Slam, la comparación toma más fuerza en el circuito femenino ya que casi no hay diferencias (los JJOO tienen un cuadro de 64 jugadoras mientras que los GS son de 128). Diferencia que sí encontramos en el masculino: mientras que los GS son al mejor de 5 sets, los JJOO son al mejor de 3 (excepto la final). Y si hablamos de Río en particular, la similitud fue más marcada aún, el cuadro femenino no contó con grandes bajas: estuvieron presentes 7 top ten y un total de 15 entre las 20 mejores del ranking (sólo 4 top ten y 11/20 para los hombres).

Por todo eso, el logro de Mónica Puig (22 años, 34 del ranking) es por demás sobresaliente. Hasta hace una semana, la puertorriqueña había conseguido un solo título WTA (Estrasburgo 2014) y una final (Sydney 2016). Ahora, después del torneo que cambió su vida para siempre, le suma a esa cuenta un oro olímpico (el primero en la historia de Puerto Rico y la primera medalla conseguida por una mujer). Su camino a la final no fue para nada fácil: Begu en primera ronda, Pavlyuchenkova en segunda, Muguruza (4 del ranking y última campeona de Roland Garros) en tercera (¡y le ganó 6-1 6-1!), Siegemund en cuartos de final y por último Kvitova (que se quedó con el bronce) en semis. Así llegó al duelo por el oro contra la número dos del mundo y última campeona del Australian Open, la alemana Angelique Kerber. La puertorriqueña no era favorita como no lo había sido en la mayoría de los partidos hasta el momento, pero a esta altura tampoco era una sorpresa. El encuentro que arrancó parejo, con un set por lado, pero en el decisivo la alemana vio cómo se le escapaba su oportunidad frente al contundente tenis de Puig. Y así fue, con un marcador final de 6-4, 4-6 y 6-1, como Mónica se quedó con el oro que muchas fueron a buscar pero que sólo ella pudo lucir en su cuello cuando subió a lo más alto del podio.

Mónica Puig, la chica de oro

Mónica Puig, la chica de oro

Todas las medallas del tenis en los Juegos Olímpicos de Rio 2016:

INDIVIDUAL MASCULINO:
ORO: Andy Murray (Gran Bretaña).
PLATA: Juan Martín Del Potro (Argentina).
BRONCE: Kei Nishikori (Japón).

INDIVIDUAL FEMENINO:
ORO: Mónica Puig (Puerto Rico).
PLATA: Angelique Kerber (Alemania).
BRONCE: Petra Kvitova (República Checa).

DOBLES MASCULINO:
ORO: Marc López – Rafael Nadal (España).
PLATA: Florin Mergea – Horia Tecău (Rumania).
BRONCE: Steve Jonson – Jack Sock (Estados Unidos).

DOBLES FEMENINO:
ORO: Ekaterina Makarova – Elena Vesnina (Rusia).
PLATA: Timea Bacsinszky – Martina Hingis (Suiza).
BRONCE: Lucie Safarova – Barbora Strycova (República Checa).

DOBLES MIXTOS:
ORO: Bethanie Mattek-Sands – Jack Sock (Estados Unidos).
PLATA: Venus Williams – Rajeev Ram (Estados Unidos).
BRONCE: Lucie Hradecka – Radek Stepanek (República Checa).