Nick Foles y los Eagles lograron lo que hace sólo un par de meses atrás parecía impensado. Philadelphia venció a New England por 41-33 en uno de los mejores Super Bowls de la historia. Al igual que durante todo los playoffs, los Eagles llegaron a la gran final como underdogs aun cuando estaba claro que tenían el mejor equipo. Su contundente victoria no hizo más que ratificarlo y este trofeo sirve como corolario de una temporada perfecta.

Cuando Zach Ertz anotó el touchdown para darle a Philly la ventaja de 5 puntos, el pensamiento unánime que atravesó la cabeza de todos los que estábamos viendo el partido seguramente fue “le dejaron mucho tiempo en el reloj a Brady”. Con poco más de 2 minutos en el reloj, el escenario estaba planteado para una nueva remontada.

La ofensiva del equipo de Pennsylvania había mostrado su mejor versión a lo largo de toda la noche. Sin embargo, durante gran parte de la noche, la mejor defensiva de la Liga no había encontrado respuestas para el mariscal de los Pats. Hasta que las encontró. En un esfuerzo descomunal, Brandon Graham, logró quitarle el balón a Brady forzando un fumble que luego sería recuperado por Derek Barnett. A pesar de permitir más de 600 yardas hasta ese entonces, la feroz defensiva de Philadelphia apareció en el momento más oportuno.

Los Eagles terminarían ese drive con un gol de campo para extender a 8 la ventaja y así las chances de los dirigidos por Belichick de conseguir el sexto Super Bowl se escaparon.

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Era fácil imaginar un partido en donde New England tuviera problemas para mover el balón debido a la férrea defensiva de los Eagles y a Philadelphia recurriendo mucho al acarreo sin sobrecargar a Foles. Lo que vimos el domingo fue todo lo contrario. Ambos equipos brindaron una fiesta ofensiva rompiendo varios récords históricos.

Las dos ofensivas dominaron durante gran parte del encuentro explotando muy bien los duelos individuales y generando espacio para sus jugadores.

Tom Brady, superó el récord de yardas (466) que él mismo había impuesto el año pasado. Ante Philadelphia lanzó para 505 yardas y 3 anotaciones, 2 a Rob Gronkowski y 1 a Chris Hogan, para remontar una desventaja de 10 puntos y darle el triunfo parcial entrando al último cuarto.

El mariscal de campo que hace un año orquestó una de las remontadas más memorables en la NFL tuvo una de sus mejores actuaciones individuales y no fue suficiente. Casi unipersonalmente, Brady, se hizo cargo de un equipo con una defensiva que no se hizo presente en el U.S. Bank y que, extrañamente, tampoco contó con una buena noche de sus equipos especiales.

Cuando Carson Wentz sufrió la rotura de los ligamentos de su rodilla en la semana 14, la lógica popular indicaba que no había forma que Nick Foles pudiera sostener al equipo.

Liderado por un mariscal que contempló el retiro hace un par de años tras su periplo con Jeff Fisher, Philadelphia, supo imponerse a uno de los mejores juegos de la carrera del #12 y fue Foles quién se llevó el premio al jugador más valioso del Super Bowl, lanzando para 373 yardas y 3 anotaciones. Lejos de aquella versión del final de la temporada regular y del partido ante los Falcons, volvimos a ver al Nick Foles de la final de conferencia contra Minnesota. Distribuyendo bien el balón, arriesgando, extendiendo jugadas y hasta incluso atrapando un pase de anotación. Más importante de todo, fue clave en terceras oportunidades: Philadelphia convirtió 10/16.

Por supuesto que esta actuación no hubiese sido posible sin el resto de la ofensiva estando también a la altura de esta final.

LeGarrette Blount, el ex RB de los Patriots y ahora bicampeón, tuvo un rol fundamental acarreando el balón para 90 yardas en 14 intentos.  El novato agente libre, Corey Clement, atrapó 4 pases para 100 yardas y una anotación. Las virtudes de Clement fueron perfectamente utilizadas por Pederson y el RB tuvo mucha acción en rutas largas saliendo desde el backfield.

Mucho se había hablado de cómo New England intentaría frenar a la línea ofensiva de Philadelphia y lo cierto es, que a pesar de los intentos de los Pats poniendo personal más pesado en cancha, Jason Kelce y compañía tuvieron un partido excelente. La OL de Philly no permitió capturas y estuvo constantemente en el segundo nivel bloqueando para ayudar a conseguir 164 yardas terrestres y una anotación. El TD de 21 yardas de Blount es un perfecto ejemplo del dominio de los Eagles en el juego por tierra.

En la previa se podía pensar que Pederson podría llegar a plantear un juego más conservador pero fue todo lo contrario. Acertadamente, mantuvo su característica agresividad y no resignó su compromiso con pasar el balón. Tuvo un partido perfecto llamando las jugadas y así, los Eagles completaron 29/44 intentos de pase.

Prueba de ello fue la jugada más recordada del día. Con 38 segundos en el reloj, en 4ta oportunidad y 2 yardas por avanzar, Pederson, sacó de la bolsa de trucos esta jugada.

Pudiendo conformarse con un gol de campo, los Eagles fueron por el TD. Un gol de campo no hubiese sido suficiente contra los Patriots, más cuando iban a arrancar la segunda mitad con la posesión.

El balanceado ataque de Philadelphia dominó el partido a su gusto utilizando la combinación las ya famosas RPOs y jugadas de play action para ensanchar y alargar el campo generando espacios que sus skill players pudieran explotar.

Este es un merecido triunfo para toda la ciudad de Philadelphia, para un jugador que fue menospreciado, para un gran trabajo de la gerencia y para el gran trabajo y preparación de parte del head coach. Fundamentalmente fue un gran triunfo para todos los que amamos el football.