Artículo escrito por Santiago Sandoval

Río de Janeiro fue el lugar elegido para darle la bienvenida a los Juegos Olímpicos a América del Sur. Son las 00:33 AM del 6 de agosto de 2016. La ceremonia inaugural llegó a su fin, y la fiesta parece que terminó pero, en realidad, esto recién empieza. El Maracaná acaba de presenciar la apertura de la cita del año. Brasil brindó una noche inolvidable y a la altura de los acontecimientos.
La sede fue seleccionada allá por agosto de 2009, en Copenhague, por el COI. Lula Da Silva, presidente de ese entonces, muy aceptado por el pueblo brasileño debido a su trayecto al mando del país; Gustavo Kuerten, ex tenista Nº 1 del ranking ATP entre 2000 y 2001; Cesar Cielo, el nadador brasileño más importante de la historia, campeón mundial y olímpico y Pelé, quién no precisa introducción, fueron los representantes que presenciaron aquel momento que marcó un quiebre en la historia del deporte. Seis años después, el presidente provisirio Michel Temer, dio el mensaje de apertura y fue abucheado durante el mismo a causa de su discrepancia con el pueblo carioca. Los atletas que acompañaron la tanda final del recorrido de la antorcha olímpica fueron “Guga” Kuerten, Hortência Marcari, ex basquetbolista campeona olímpica y mundial, considerada la mejor jugadora de la historia del país y Vanderlei de Lima, maratonista que durante su prueba de Atenas 2004 ocupaba el primer lugar hasta que un ex sacerdote irlandés, Cornelius Horan, saltó al asfalto y se abalanzó sobre él, sacándole de la pista durante unos segundos. Vanderlei se llevó el bronce, ya que sus perseguidores, Baldini y Keflezighi, avanzaron a causa del inconveniente y la desconcentración final del brasileño. Ayer, el maratonista nacido en Cruzeiro de Oeste tuvo su noche soñada. Fue el encargado de encender el pebetero olímpico.

El destino hizo justicia con Vanderlei

El destino hizo justicia con Vanderlei

A pesar de los inconvenientes infraestructurales, sociales y políticos que marcan el contexto de la cidade maravilhosa, las próximas dos semanas será la atracción principal de los ojos de todo el mundo. No solo por el evento en sí, sino porque será el último recorrido para que varios atletas en camino a convertirse en leyendas olímpicas. Se mezcla la ansiedad y la nostalgia con la incertidumbre que vendrá después de estos gigantes en cada una de sus especialidades. Usain Bolt será uno de los ejes de la emoción. Hubo una gran brecha temporal (48 años) hasta que Carl “El hijo del viento” Lewis, en Los Ángeles 1984, le arrebatara el trono a Jesse Owens, que consiguió en Berlin 1936. Luego de Lewis, se sufrió la misma incertidumbre hasta que apreció este crack universal. El fuera de serie. Usain sufrió una lesión a principios de julio en Kingston. A varios nos volvió el alma al cuerpo al enterarnos que tres semanas después ganó en la prueba de los 200m en Londres. Es imposible de imaginar a Rio sin Bolt. El tiempo le pasa factura al físico y esa sería la principal causa del adiós de una de estas bestias como él. Colecciona seis oros consecutivos en los 100m, 200m y 4x100m entre Pekín 2008 y Londres 2012 y, a los 29 años, busca el broche de oro ya que sería una fantasía verlo en Tokio 2020 cuando él mismo ha hablado de continuar solo uno o dos años más.

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Nada tendrá para envidiarle aquel niño al que un día lanzaron al agua como terapia y que se transformó en el máximo ganador de medallas doradas en la historia de los Juegos. El que destronó con ocho preseas doradas en Beijing 2008 al gran Mark Spitz, que había conseguido siete en Munich 1972. Anteriormente el propio Phelps le hizo peligrar el trono con sus seis conquistas en Atenas 2004. Dos años después, muy duros por ser arrestado por conducir ebrio, y luego de perderse el Mundial de Kazán 2015 por sanción, el estadounidense (dueño de 18 oros, dos platas y dos bronces), buscará a los 31 años cerrar, de una forma acorde a su prestigio, el telón de una obra maravillosa que desplegó durante varios años sobre el agua.
Las lesiones y la exclusión por doping positivo les impidieron las respectivas despedidas en Rio a Roger Federer y Yelena Isinbayeva. Será un “Gracias y hasta siempre”. Los extrañaremos demasiado ya que a pesar de su edad siguen en un nivel prodigioso en sus respectivos deportes.
Por el lado argentino, también tendremos partidas que vamos a sentir mucho ya que pusieron en alto al país en cada participación. El grupo de jóvenes que dio show en Atenas 2004 dará su última gira, ya como referentes, en Rio 2016. Emanuel Ginóbili, Luis Scola, Andrés Nocioni y Carlos Delfino son el cuarteto que va a integrar el último sueño olímpico por parte de la “Generación Dorada”. Junto a la nueva generación de fenomenales jugadores como Brussino, Laprovíttola, Campazzo y Garino por citar algunos, buscarán cerrar su último capítulo con un final a la altura de sus carreras. Sea cual sea el resultado, estos se merecen todo el reconocimiento del mundo por todo lo que dieron por los colores celeste y blanco durante tantos años. Rio de Janeiro, también, fue elegido el lugar para darles la despedida a estos atletas, que cuando la fiesta haya llegado a su fin en el Maracaná el 22 de agosto a las 00:33 AM, ya estarán convertidos en leyenda.

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