Imposible consiliar el sueño a horas de uno de los partidos más trascendentales de los últimos años para la historia de la Selección Argentina. Es casi una tortura ver como varios seleccionados ya están clasificados, con su boleto asegurado a Rusia mientras en nuestro país todavía continúan las dudas por saber si estaremos en la próxima cita mundialista a una fecha del final.
¿¡Cómo será un mundial sin Argentina!?”, es la pregunta más pensada reiteradamente en la cabeza de algunos. Algo que parecía impensable, hoy está más cerca que nunca.
Ecuador será el último capítulo de una serie que fue de pesadilla en estos últimos dos años y medio, la cual curiosamente, comenzó con una caída contra el mismo conjunto Tricolor dirigido por Gustavo Quinteros en una noche fría en el estadio Monumental. En aquella noche de octubre reinó la incertidumbre por el futuro, la conmoción por el resultado y el disgusto por el mal rendimiento. La misma incertidumbre, conmoción y disgusto se hizo presente en La Bombonera el jueves pasado tras el empate con Perú sin goles pero con un ingrediente agregado, la preocupación.

Resulta extraño pensar que Argentina quede afuera del mundial pero en el análisis minucioso, este momento es la consecuencia de un proceso estéril e inútil en el trayecto de esta eliminatoria. La crisis comienza desde la raíz. La AFA fue un caos durante estos últimos dos años. Desde el incoherente 38 a 38 entre Marcelo Tinelli y Luis Segura hasta el “casting” de entrenadores para reemplazar a Gerardo Martino realizado por la junta interventora al mando de Armando Pérez a menos de 2 semanas de recibir a Uruguay y visitar a Venezuela. Sin mencionar la falta de tacto del actual presidente Claudio Tapia y sus acompañantes, Daniel Angelici y Hugo Moyano, al citar a Gianni Infantino y Alejandro Domínguez, máximos representantes de la FIFA y la CONMEBOL respectivamente, un día antes del duelo contra Perú, el cual era trascendental para la clasificación de ambos seleccuonados. Desorganización colectiva y falta de capacidad para dirigir un ente organizador fueron claves para desencadenar en este momento.

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Tres técnicos pasaron por el vestuario Albiceleste: Gerardo Maritno, Edgardo Bauza y Jorge Sampaoli, convirtiéndose en el seleccionado con más variantes de entrenadores en una eliminatoria. Todos con propuestas, ideas y maneras diferente de ver el fútbol. La falta de funcionamiento y la poca colectividad entre los protagonistas se debe al efímera paso de tecnicos en un lapso de tiempo muy corto.

“Que Bauza opta por replegarse y apostar al contraataque, que Sampaoli elige presiona la primera línea rival y jugar asociadamente”, es imposible que un jugador que entrena una semana cada tres meses por año con un plantel cambiante termine de asimilar un plan de juego. No es cuestión de “no poner huevos” o tener los mejores jugadores. Sin funcionamiento y convencimiento de una idea los resultados positivos son difíciles de conseguir, para proyectar una idea es necesario tener tiempo. Hoy Argentina no lo tiene, y anteriormente lo desperdició, ahora es una urgencia que Sampaoli en modo bombero trate de solventar para, una vez solucionada la crisis, empezar a planificar de cara al futuro.

El final de Martino y Bauza fue similar. Se fueron de manera desprolija, ya que la AFA tomó medidas que los llevaron a presnetar la renuncia o directamente echarlos por la puerta de atrás, sin escrúpulos ni explicaciones. Otro bochorno.

Como ya ameritaron casos anteriores, en Argentina, el resultado y el tiempo matan entrenadores y proyectos aunque esperemos que se respete el acuerdo con Jorge Sampaoli, sea cual fuere el final, y ojala sea con el pasaje a Rusia asegurado.
Mientras tanto, Gustavo Quinteros continúa siendo el director técnico de Ecuador y sabe la relevancia del partido de hoy en Quito. Sabe que disputará una final propiamente dicha, tanto por el contexto y la magnitud del mismo. Jugará, se impondrá y presentará batalla. Para Argentina, no va a ser un resultado más.

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Desde México 1970 que la Selección no falta a ningún mundial, en aquel entonces, el fútbol no tenía la influencia y el poder masivo que hoy posee, es decir, suena absurdo pensar que en la actualidad un país que respira fútbol se quedé afuera del evento más importante del mencionado deporte y más aún, pensado que estuvo a minutos de poder ganarlo en la última edición disputada en Brasil. Pero lejos de lo absurdo es una situación verosímil.

Es así como el potencial individual futbolístico de los jugadores deberá rescatar al país del desastre deportivo, otra vez. Es cierto que los protagonistas no están en el auge de su rendimiento, que el equipo no consigue afirmar las sociedades en el terreno de juego y que carece de eficacia en los últimos metros, ya que lleva 16 goles en 17 partidos disputados, a esto se suma el estrés psicológico por la responsabilidad que demanda la circunstancia, pero en estos últimos 90 minutos, está última vida, está última chance es el momento que tengan para despojarse y desechar todo lo que se habló innecesariamente por parte de los medios, todo lo que se hizo mal dirigencialmente, y revertir ese flojo rendimiento futbolístico que se vio a lo largo de este trayecto para poder barajar y dar de nuevo desde una perspectiva más positiva. Hoy, más que nunca, Lionel Messi vuelve a ser el indicado para llevar a este seleccionado que no tuvo rumbo en toda la eliminatoria a un punto fijo: Rusia. El 10 en estos tres años contribuyó poco para lograr el objetivo y sus desiciones afectaron el contexto, por ser el capitan y el jugador más destacado del seleccionado.

En el repaso, comenzó sin jugar los partidos contra Ecuador, Paraguay, Brasil y Colombia por lesión, volvió y brilló frente a Chile en Santiago y Bolivia en Córdoba donde marcó un gol de penal, se dejó la barba, renunció despues de la final perdida en la Copa América Centenario, se tiñó de rubio, regresó ante Uruguay en Mendoza, marcó un gol, le tiró un caño a Corujo y pidió disculpas, la pasó mal en Belo Horizonte frente a Brasil pero dio un show días después contra Colombia en San Juan y vetó a los periodistas, le marcó el unico gol oficial de un jugador argentino de la Selección en 2017 a Chile en el Monumental, lo suspendieron, se casó, volvió en el “arreglo de puntos” con Uruguay en Montevideo y sufrió con Venezuela en River y con Perú en su bienvenida a La Boca. Jugó 9 partidos, marcó 4 goles, 2 de penal.

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Hoy es su momento, justo el definitivo, como no podía ser otro. Debe ir al mundial, para eso hoy debe mostrar su mejor faceta. Porque será su última cita mundialista en plenitud, porque es necesario para que se quite las espinas pasadas y porque un país quiere verlo campeón junto a la camada acompañante. Esa es la esperanza de millones de argentinos, quienes hoy no pueden dormir por la incertidumbre de que la realidad esté a punto de convertirse en una pesadilla. Ojalá hoy le pongamos punto final a este mal sueño y dentro de unos meses, volvamos a ilusionarnos con la Copa del Mundo.