En las últimas semanas se dio a conocer públicamente que Kyrie Irving, base titular de los campeones de 2016 y tres veces consecutivas finalistas de la NBA, Cleveland Cavaliers, solicitó ser traspasado a otro equipo. Al parecer la franquicia había intentado tradearlo en los meses anteriores, incluyendo la noche misma del draft, y era conocido en la organización que el jugador no se encontraba feliz a la sombra de LeBron James.

Este es un golpe enorme a uno de los grandes candidatos a hacerse con el título en la temporada 2017-2018. El mismo tiene como principal fuente la situación contractual de James. Desde su regreso a Celveland proveniente de Miami, LeBron ha firmado una serie de contratos cortos que maximizan tanto su posibilidad de hacer caja renovando, como la flexibilidad que esto le da a su carrera en caso de que decida, nuevamente, llevarse sus talentos a otra parte. Esto le da un gran poder sobre su futuro, pero también ha empezado a generar un clima de inestabilidad de proporciones bíblicas en la franquicia a partir de los rumores que indican que estaría pensando en mudarse a un equipo de Los Angeles para la próxima temporada. Rumores potenciados luego del despido del General Manager de los Cavs, David Griffin, y de que se supiera que Paul George, quien también será agente libre en 2018, tiene todas las intenciones de continuar su carrera en los Lakers.

Ante semejante escenario, Kyrie decidió tomar el toro por las astas. En lugar de quedarse inerte, solicitó ser traspasado lo antes posible. Hay cierta lógica dentro de las decisiones que el jugador ha tomado, aunque uno no la comparta. Irving ya tiene un título y ha jugado tres finales de la NBA. En cierta medida, su hambre de gloria ha sido saciada. Su objetivo ahora, de acuerdo a la información filtrada, es tener su propio equipo. Él se ve a sí mismo como uno de los mejores en su posición de la NBA, al nivel de Steph Curry y Russell Westbrook. Pero de acuerdo a su opinión, nunca será visto como tal mientras juegue al lado de uno de los más grandes jugadores de todos los tiempos. Su idea es ser El Hombre, y poder así demostrar al mundo cuál es su verdadera posición en la cadena alimenticia de la liga.

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Uno de los legados más importantes de LeBron como jugador, es el haber empoderado a sus colegas en cuanto al ser dueños de su destino, el ser capaces de elegir, dentro de las restricciones que plantea la liga, qué tipo de carrera quieren tener. El 23 decidió primero, en 2010, marcharse a los Miami Heat a jugar con sus amigos en un equipo cargado de estrellas. Cuatro años después, tomó la decisión dar la vuelta y regresar a su natal Ohio para brindar a los Cavaliers un título de la NBA. El manejar el relato de su carrera de esa forma era algo casi inédito hasta ese momento. Eran los equipos los que tenían el poder, no las figuras.

Irónicamente, de esta manera, James pavimentó el camino que ahora transita Irving. A su vez, el clima de inestabilidad que la falta de compromiso a largo plazo con los Cavs del número 23, fue uno de los causantes de la situación. En cierta medida puede decirse que The Chosen One se disparó en el pie ¿Por qué Kyrie se quedaría quieto esperando que James decida su futuro? ¿Por qué no habría de hacer lo mismo que en otra ocasión hizo el veterano? Es decir, elegir el camino que él piensa que es mejor para su futuro.

Será difícil que un equipo ofrezca a Cleveland un valor equivalente a Irving para realizar un traspaso. Esta es la principal traba a la hora de que el trade ocurra. El base tiene dos años más de contrato, y el equipo puede simplemente negarse a tradearlo, pero así y todo, luego de que se supiera que este no quiere jugar más con LeBron, la situación parece irremontable. Resta saber solamente si alguien intentará hacerse con sus servicios, si este zafarrancho terminará con el número 23 en Los Angeles, y si de alguna forma este circo daña el legado de uno de los mejores jugadores de todos los tiempos.

Porque hay alguien que prefiere irse en lugar de quedarse a ganar con LeBron James. Y eso no deja de llamar la atención.