Empezamos en junio de 2016. Argentina sueña con llegar a la final de la Copa América Centenario y consagrarse luego de las espinas del Mundial de Brasil y la Copa América de Chile.

Para eso, Gerardo “Tata” Martino mueve las piezas. El esquema que utiliza es 4-2-3-1. Presionar coordinadamente en la salida, negar referencias y forzar el error rival. Ese es el plan. Con Lionel Messi barbudo como estandarte, siempre por el medio, detrás del 9.
Funcionó con Panamá, Bolivia, Venezuela, Estados Unidos. Llega la final con Chile, como hace un año en Santiago, pero ahora en New Jersey. Higuaín erra otro mano a mano. Messi hace echar a Marcelo Díaz y Arturo Vidal a Marcos Rojo. Martino cede el juego y cambia la idea en el único partido que no tenía que negociar. Chile finaliza dominando el partido en los 120 minutos y hay penales. El 10 erra y luego lo hace Lucas Biglia. Francisco Silva convierte. Chile es bicampeón.

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El fastidioso deja vú hace que Messi pegue el portazo y renuncie a la Selección. “El problema soy yo”, declara en la zona mixta luego de su tercera final perdida en tres años.
Días después, renuncia Martino. Las causas fueron desacuerdos institucionales y la falta de organización en la AFA. “Es un acto de dignidad”, aseguró el Tata.

Sin el 10, sin técnico y con el ente organizador en un limbo, Argentina carece de rumbo.
Además, la FIFA amenaza con una sanción a la Asociación pero Mauricio Macri, en modo bombero, intercede, conversa con Infantino y en ese momento nace el Comité de Regularización.
Armando Pérez, de Belgrano de Córdoba, es el elegido para tomar el timón. El objetivo del Comité es ordenar cuentas, reformar estatutos y llamar a elecciones.

A menos de un mes del retorno de las Eliminatorias rumbo a Rusia 2018, comienza la búsqueda de entrenador.
Pasan por la lista Diego Simeone, Mauricio Pochettino, Eduardo Berizzo y Jorge Sampaoli. Todos niegan la oferta. Pérez se reúne con Ramón Díaz, Miguel Ángel Russo, Edgardo Bauza y Ricardo Caruso Lombardi. Elige al “Patón”.

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“Quiero terminar el año consiguiendo los 18 puntos en juego que hay”, dice Bauza y marca su primer objetivo como entrenador.
Habla y convence a Messi de regresar a la Selección. Todo parece caminar. Arranca puntero en la tabla de Eliminatorias y con un 4-2-3-1 aguantando el 1 a 0 contra Uruguay como local. La expulsión de Dybala obligó a cambiar el esquema en la segunda parte.

Se tira al tacho la presión. El “Patón” vuelve a mover las piezas y opta por el 4-4-2. El achique sincronizado de espacios esperando al rival en terreno propio o mitad de cancha y finalizar con un contraataque veloz. Con los extremos como estandartes. Ese es el plan, pero no funciona. Los rivales exigentes y el calendario apretado no permiten que el equipo asimile la idea. Messi se lesiona. La Selección empata contra Venezuela tras un 0 a 2 en contra y cae 1 a 0 como local en una bochornosa actuación ante Paraguay.

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“Nos van a extrañar cuando no estemos”, advierte Sergio Agüero. El publico los silba en Córdoba y les pide que pongan “huevos”. Una semana después Bauza afirma que saldrá campeón en el Mundial de Rusia.
Su protagonismo mediático marca un amplio contraste con el silencio de los jugadores, enojados con los periodistas.
El equipo continúa sin funcionamiento, Brasil le da una cátedra de contraataque y lo deja en zona de repechaje. Coutinho y Neymar se hacen un festín en Belo Horizonte. Tite cumple con lo que Bauza no pudo. 0-3.

Messi rescata tres puntos ante Colombia en San Juan y es como agua en el desierto. El ahora rubio habla dentro de la cancha pero afuera no. Mete un golazo de tiro libre, una asistencia en el partido y veta a los periodistas en la conferencia de prensa. Como en Francia 1998. Intenso cierre de 2016, pero la era Patón continua en 2017.

Argentina sufre y juega demasiado mal, pero gana ante Chile en la vuelta al Monumental. Se ve a un equipo quebrado, estático, sin identidad de juego. El técnico continúa acaparando la atención con sus declaraciones ante los medios. Messi, producto de la impotencia, le dice de todo al asistente y lo ven todos. La FIFA lo suspende por 4 fechas. La Selección mejora frente a Bolivia pero pierde en la altura de La Paz. Otra vez en zona de repechaje. Elecciones en AFA, a un año y cuatro meses del 38-38 entre Tinelli y Segura. La Asamblea elige a Claudio “Chiqui” Tapia y Daniel Angelici para que conduzcan. Estos echan a Bauza por la puerta de atrás.

Tapia quiere, Tapia tiene. La FIFA le quita la sanción al 10 y Sampaoli acepta el llamado luego de la eliminación de la Champions League y quedarse sin chances en La Liga con el Sevilla. “Mi patria me necesita”, declaró el de Casilda en su última conferencia de prensa como técnico del club español.

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Jorge Sampaoli no va a negociar, o eso es lo que advirtió en la gira por Asia. Buscará instalar nuevamente la posesión de la pelota como prioridad, intentando aprovechar el potencial en lo ofensivo. Al tacho de basura la cobertura de espacios. Hará un recambio de nombres y de esquema dependiendo del rival y el contexto. Le funcionó en los amistosos: el primer tiempo frente a Brasil y en todo el encuentro ante la débil Singapur. Dos triunfos para levantar la moral.

En estos próximos meses Sampaoli tratará de ajustar y revisar detalles que no quedaron claros o solucionar problemas en el equipo, como por ejemplo, el desgaste de los jugadores debido al ritmo de juego que demanda la idea o la falta de un enlace que genere juego y una la última línea con los delanteros, dos falencias que se hicieron notar en el segundo tiempo contra la Verdeamarelha. La primera prueba importante será en agosto frente a Uruguay por Eliminatorias.

Así fue como llegamos a junio de 2017. Pasó un año y tres directores técnicos con tres ideas de juego bien heterogéneas. Una Comisión Normalizadora y un Presidente estuvieron a cargo en lo institucional. Messi, el capitán del seleccionado, se fue, volvió, se lesionó, volvió de nuevo, lo sancionaron y le quitaron la sanción. Está “de regreso” por tercera vez. La Selección pasó de tener certeza con la participación mundialista estando primera en la tabla de las Eliminatorias a estar quinta en la zona de repechaje con una incertidumbre latente.
A solo un año del Mundial de Rusia, Argentina sueña con clasificarse y llegar a la final. Pero esa es otra historia.

Por Santiago Sandoval