Si tu padre fue un negro africano traído como esclavo a Brasil que escapó del yugo para instalarse en Uruguay a laburar de brujo y además –supuestamente- te gestó a los 97 años; estás llamado para grandes cosas.  Así lo entendió José Leandro Andrade, “Merveille Noire”, la primera estrella mundial que tuvo el fútbol, consagrado como tal en los Juegos Olímpicos de París en 1924 y responsable de la masificación del deporte que hasta ese año lejos estaba de ser el mas popular del mundo, según el filósofo Hans Ulrich Gumbrecht.

Leandro Andrade nació el 1º de octubre de 1901 en el barrio La Cachimba de la ciudad de Salto, su padre en los papeles, como lo mencionamos antes, fue un ex esclavo devenido en brujo que andaba por los 97 años; su madre fue una argentina llamada Anastasia Vázquez.  La familia vivió en Salto hasta que Leandro cumplió 9 años y luego emigraron hacia Montevideo donde se instalaron en el conventillo “Muchas Puertas” (Pocitos) primero y en el conventillo “28” del barrio Palermo después.

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Mientras empezaba a descoserla siendo juvenil, el Negro se integraba a su entorno a través del candombe (integraba la comparsa “Libertadores de África”) pero siempre con algún reparo. No se sentía cómodo en el ghetto, como tampoco se sentía cómodo cuando salía del barrio y los “blancos” lo señalaban por su color de piel. No le gustaban los negros y lo odiaban los blancos. Que vida de mierda.

En el barrio su soberbia e indiferencia le iban dando fama de Muyinga (así se le decía a los negros que renegaban de ser negros) pero fuera de Palermo ya empezaba a ganar fama de crack en las canchas de fútbol y  fama de enfermo del sexo entre las mujeres que no dejaban de perseguirlo.

Durante su juventud jugó en Peñarol al mismo tiempo que trabajaba como vendedor de diarios en la esquina de Rivera y Soca, antes había sido lustrabotas y algunos hasta lo acusaron de laburar de taxi boy aprovechando la nutria que tenía entre las piernas. Dejó Peñarol antes de debutar en primera y fichó por el Misiones Football Club que militaba en el ascenso charrúa, ahí le echó el ojo José Nasazzi, capitán de Bella Vista y se lo llevó para el equipo papal, donde empezarían sus éxitos.

Ascendidos a primera división en 1922, tanto Nasazzi como Andrade fueron llamados a defender la selección uruguaya en el Sudamericano de 1923 consagrándose campeones luego de vencer  2 a 0 en la final contra Argentina y ganándose la invitación a los Juegos Olímpicos de 1924 que se disputarían en París.

4406 Voetbal OS Amsterdam 1928; Andrade krijgt verfrissing.

Si hasta la llegada del Maestro Tobara Tabárez los viajes de la selección uruguaya a otro país eran un quilombo imagínense lo que fue ese viaje de 1924 con la organización del fútbol uruguayo dividida entre la AUF donde mandaba Nacional y la FUF donde Peñarol era el estandarte de los equipos rebeldes que además de escindirse del ente madre, se negaban a ceder a sus jugadores a la selección.

A pesar de todos esos inconvenientes el equipo llegó en tiempo y forma para hacer una gira de preparación en España que sirvió para cubrir los gastos del viaje y también para afinar el equipo de cara a la competición olímpica. En esa gira el negro se ganó la titularidad y no la soltó hasta su retiro internacional en 1930. También en esa gira a los celestes les afanaron todas sus pertenencias en Bilbao y cuando ya estaban viajando en el tren fueron atacados por un enjambre de hormigas voladoras (!). Total normalidad.

Llegados a París constataron que la Villa Olímpica era una mierda y consiguieron mudarse a un castillo que estaba a un kilómetro del estadio de Colombes, sede de los partidos. La mudanza fue un detalle que junto a la presencia en la delegación de un doctor y de un preparador físico, marcaba la seriedad de los uruguayos y generaba extrañeza en los europeos que luego sumarían a ese tipo de profesionales a sus planteles.

En el castillo el plantel dividió las tareas y según sus habilidades algunos iban para la cocina, otros a regatear precios en la feria, los que tenían estudios (?) manejaban la guita y claro, como Andrade era negro lo pusieron a cargo de la limpieza. Nunca sabremos si también recibía latigazos cuando se demoraba lavando los platos.

El debut en la competencia fue contra Yugoslavia que había mandado espías al entrenamiento celeste pero todos identificados con el escudo de su país, porque la estupidez no es cosa del siglo XXI. Advertidos de esto, los uruguayos entrenaron como si fueran el equipo de La Redó! (?) y los yugoslavos se fueron del entrenamiento confiados de su victoria ante estos pobres jóvenes que no sabían ni correr y que seguramente pasarían vergüenza en su estreno olímpico. Ese día el estadio de Colombes recibió a un puñadito de personas que fueron a ver un show de goles europeos pero nada estuvo mas lejos de la realidad. Uruguay despachó a Yugoslavia 7-0 y probablemente los espías fueron ahorcados en algún acantilado de Dalmatja. La figura por supuesto, fue el Negro Andrade que ese día se ganó el apodo de Merveille Noire y el favor de las mujeres en ese París alocado de los años 20.

La competencia avanzaba, Uruguay aplanaba (el partido mas difícil fue contra Holanda en semifinales, 2-1) y el negro deleitaba con lujos de todo tipo y color. La concurrencia aumentaba partido a partido para ver a estos sudamericanos que habían reinventado el fútbol pero sobre todo para verlo a ÉL. La elegancia y soberbia con la que se manejaba en el campo era la misma con la que se manejaba afuera. Era la estrella del momento y la principal atracción de París, tanto que por su gracia (?) fue invitado a bailar tango a todos los salones de moda y también fue el objeto de deseo de todas las mujeres. Según la leyenda compartió sus dotes con Josephine Baker (“la mujer mas sensacional que nadie haya visto” según Hemingway) pero lamentablemente para él eso no fue verdad, solo bailaron un par de tangos juntos. Lo que no es poco eh, traído a esta época es como que a Carlos Sánchez lo invitara Beyoncé a tirar unos pasos en el boliche mas polenta de Nueva York. La que si sucumbió ante su poronga fue Colette, periodista y escritora ganadora del Nobel de Literatura que lo vio en la concentración bailando candombe y quedó excitada Suller Style con el moreno elemento.

Uruguay ganó la final fácilmente contra Suiza y el público estaba extasiado, habían quedado 10mil personas afuera del estadio y el fútbol empezaba a despegar como deporte de masas gracias a Maravilla Negra y su belleza atlética. Seducía a todos y a todas con sus movimientos, con su inteligencia dentro del campo y con su elegancia pero al negro esto le chupaba un huevo; el lo que quería era ponerla y ponerla, por eso desapareció unos días de la concentración hasta que la persona mas cercana del plantel, el Loco Romano, fue a buscarlo a la casa de una mina que lo tenía atado a la cama y pidiendo agua por señas (?).

Regresó a su país meses mas tarde que sus compañeros, vestido con un traje blanco, guantes, zapatos de cuero y un sombrero de copa bien cheto pero volvió a sentir que la vida era una mierda, por mas estrella mundial que fuere, en su país seguía siendo un negro. La comunidad afro de Montevideo hizo una cena en su homenaje pero Andrade no fue, no le importaban los negros, los blancos, sus compañeros, ni nadie. Solo las mujeres y el fútbol; en eso era el mejor del mundo y se encargaba de que todos lo supieran. En 1925 volvió a Europa con el Club Nacional de Football, era su lugar en el mundo y en esa gira lo hizo saber desapareciendo a placer de las concentraciones detrás de sus mujeres pero también rompiéndola en cada partido. Hasta que se empezó a sentir mas débil que de costumbre y después de unos días postrado, un médico de Bruselas lo revisó y le dijo que tenía sífilis. Deprimido y enfermo volvió a Uruguay (previo paso por París, claro) a pensar en la recuperación que nunca llegaría del todo, su fortaleza física se empezaba a apagar a los 25 años. Jugó los Olímpicos de 1928 supliendo el bajón físico con su calidad inigualable y logrando la segunda conquista celeste pero volvió mas herido: por salvar un gol reventó su cabeza contra el arco, perdiendo casi toda la visión de un ojo.

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Con las secuelas de las sífilis, medio ojo roto y una rodilla que estaba para pedir el cambio encaró la Copa del Mundo de 1930 no sin cuestionamientos de parte de la prensa y los hinchas. Luego de un comienzo vacilante, terminó siendo el mismo crack de siempre aunque estuviera mas roto y lento e integró el once ideal del torneo. La final del mundial fue también el retiro internacional del crack que terminó con este palmarés: 3 títulos mundiales y 2 campeonatos sudamericanos en 8 años.

Con el advenimiento del profesionalismo en 1932, firmó contrato con Peñarol donde jugó hasta 1935, conquistando dos títulos. Ya veterano cruzó el charco y deambuló por Atlanta, Lanús y Argentinos Jrs hasta que en 1939 se retiró vistiendo los colores de Montevideo Wanderers.

Su arrogancia y el alcoholismo llevaron a que los últimos 20 años de vida los pasara pobre, solo y enfermo; sin plata no había mujeres, amigos nunca había tenido y la sífilis lo había dejado tan maltrecho que su cuerpo seguía pasándole factura. En 1956 poco antes de su muerte el periodista alemán Fritz Hack lo quiso entrevistar en Montevideo pero no dio con su paradero hasta seis días después de la fecha concertada: estaba viviendo en el sótano de un edificio casi derrumbado, alcoholizado las 24 horas del día. En octubre de 1957, internado en el Asilo Piñeyro del Campo, el mejor jugador del mundo murió de tuberculosis pero ya no le importaba a nadie. Lo velaron casi de incógnito en la casa de su hermana (madre de Víctor Rodríguez Andrade, uno de los héroes del Maracanazo) y se despidió lejos de la belle epoque abrazado a la miseria.

Para tener una idea de que no solo fue el primer sex symbol del mundo deportivo ni un bon vivant que tuvo una primavera en París, durante la Copa del Mundo de 1974 fue elegido por la FIFA como el mejor jugador de la historia de los mundiales por delante de Pelé, que como ya sabían en esa época, debutó con un pibe.

“Maravilla Negra”, canción dedicada a Andrade por parte de Contrafarsa y Mauricio Ubal, editada en el disco 11 Canciones al Área: