Recientemente la sociedad coach/tenista más rentable de los últimos años llegó a su fin.  Magnus Norman anunció que, con intención de dedicarse más a su familia, no continuará trabajando junto a Stan Wawrinka el año que viene (el suizo actualmente está recuperándose de una lesión).

Para ver qué tan importante fue la obra de Norman, vayamos al principio, bien al principio. Como jugador el sueco llegó a ser número dos del mundo y a disputar una final de Grand Slam (Roland Garros 2000). Su juego, más que en grandes golpes se basaba en la solidez y el aspecto táctico. Norman tenía su mayor fortaleza desde lo mental. Pero lamentablemente su carrera no duró tanto ni fue tan exitosa como se esperaba: En 2004, con tan solo 27 años (y apenas ocho como profesional) lesiones en su rodilla y cadera lo dejaron fuera de las canchas para siempre. Un retiro tan temprano le supuso a Magnus una sed de revancha que con el tiempo se encargaría se saciar. Tras estar años alejado del tenis, Magnus decidió a volver y lo hizo como técnico de su antes compañero Thomas Johansson. Además se hizo cargo del equipo sueco de tenis de cara a los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. Allí, su dirigido y Simon Aspelin consiguieron la medalla plata en dobles. Los encargados de negarles el oro en aquella ocasión fueron nada menos que Wawrinka y Roger Federer. El retiro de Johansson estaba cerca por lo que la dupla no duró mucho más.

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Aspelin y Johansson, el dobles olímpico sueco comandado por Norman en 2008.

Otro compatriota aprovecharía el momento: Robin Soderling, un tenista que hacía cuatro años oscilaba entre los puestos 50 y 25 del ránking y parecía no poder romper ese techo. A sus 24 años, Robin había conseguido 3 títulos (todos ATP 250), había alcanzado sólo dos cuartos de final en Masters 1000 y no había logrado ganar en ninguna de las cuatro veces que disputó una tercera ronda de Grand Slam. Tras el US Open 2008 y debido a malos resultados rompió con su entrenador Peter Carlsson y se puso en contacto con Norman. Su primera final juntos llegó apenas dos torneos  después (David Nalbandián se quedó con el trofeo en Estocolmo) y pronto lo hizo también su primer título, en Lyon frente a Julien Benneteau, lo que lo llevó a un nuevo mejor ránking, 18. Sin dudas, su punto máximo, y lo que todos recordamos al pensar en Soderling, fue aquél Roland Garros de 2009. Robin llegó con un récord de 4-4 sobre polvo de ladrillo ese año (y de 3-5 en sus visitas anteriores a París). Sin embargo, de la mano de Magnus logró meterse en cuarta ronda tras derrotar a David Ferrer en cuatro sets. Su rival era el número uno del mundo: Rafael Nadal. El español venía de ser campeón en Montecarlo, Barcelona y Roma y finalista en Madrid (12-1 en la gira de polvo). Además era en ese entonces cuádruple campeón en París (28-0) y para colmo el historial entre ambos marcaba  3-0 para el mallorquín, siendo el último antecedente un contundente 6-1 6-0 en Roma ese año. En uno de los partidos más emblemáticos de los últimos años el dirigido por Norman hizo lo que hasta ese entonces parecía imposible: derrotar a Nadal en la Philippe Chatrier. Al sueco le llevó tres horas y media esta hazaña. Haciendo de su saque y las subidas a la red que el español no supo manejar (20/26) su mayor capital, y arriesgando en cuanto tuvo oportunidad (63 tiros ganadores, 71 errores no forzados contra 36 y 39 de Nadal) Soderilng se hizo cargo del partido. La estrategia le dio resultado y por primera vez Rafa vio un marcador adverso: 6-2 6-7 6-4 7-6. Luego Robin se convirtió en el primer sueco desde quien ahora lo miraba desde su box en alcanzar la final del Abierto de Francia. Cita en la cual Federer fue más y conquistó el único Grand Slam que hasta ese momento le era esquivo. Para ambos, la historia estaba hecha. Al año siguiente la dupla sueca volvió a ser parte de una final en París (tras vencer a Roger, número uno del mundo, en cuartos) y nuevamente se quedarían con un sabor amargo. Esta vez Nadal puso las cosas en orden y se quedó con la Copa de los Mosqueteros en tres sets. Llegando a fin de año, y también en París, Robin ganó su primer Master 1000 y alcanzó su mejor ránking: cuatro del mundo. Cuando parecía que la sociedad tenía mucho más para dar, el tenista quiso tener a su lado a alguien con más tiempo disponible y así contrató al italiano Claudio Pistolesi (meses después a causa de una mononucleosis tuvo que abandonar el tenis).

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Norman y Wawrinka en uno de sus primeros entrenamientos juntos, en Lausana.

El siguiente capítulo de Magnus como coach es el que nos trae acá. En abril de 2013 (más de dos años después de la ruptura con Soderling) Stan se comunicó con Norman para sumarlo a su equipo. Veamos en qué estaba Wawrinka para ese entonces: tenía 28 años, había cosechado tres títulos y siete finales (todas ATP 250) además del ya mencionado oro olímpico. Había alcanzado el top ten (9°) en 2008 pero no duró demasiado y su ránking más bien se ubicaba entre el 15 y el 30 (17 al momento de contratar a Magnus). Tenía un récord de 10-39 vs top ten, 2-25 vs top 3 (0-10 vs números uno) y 3-28 vs el Big4 (Federer, Nadal, Novak Djokovic y Andy Murray). Además sus máximos logros en Master 1000 eran una semifinal en Montecarlo 2009 y Cincinnati 2012 mientras que en Grand Slam había alcanzado cuartos de final en el US Open 2010 y Australian Open 2011. Quizás son datos sueltos pero todos apuntan al mismo lugar: Stan era un jugador al que se le notó un gran potencial desde temprano pero que no lograba explotarlo. Menos aún en los momentos claves. La mayor falencia del suizo estaba en su cabeza, era capaz de dominar con sus tiros a tenistas mejores que el pero su falta de concentración e irregularidad no dejaban brillar su tenis. La dupla Wawrinka – Norman no tardó en cuajar y debutó con título ante Ferrer en Estoril. En su segundo torneo juntos, en Madrid, Stan alcanzó por primera vez una final de Master 1000 (cayó frente a Nadal) y así recuperó su lugar en el top ten para ya no dejarlo. Los buenos resultados siguieron hasta alcanzar las semifinales en el US Open (derrota frente a Nole) y meterse en el ATP Finals. (Wawrinka cuenta que al planear su calendario, en abril, Norman marcó el torneo reservado para los ochos mejores a jugarse en noviembre, y su respuesta fue “¿Qué, voy a jugar el ATP Finals? ¿Estás loco?” al parecer Magnus sabía lo que hacía.) En el Australian Open 2014, el suizo volvió a verse las caras con Djokovic en una semifinal, y esta vez logró vencerlo en un vibrante encuentro que concluyó 9-7 en el quinto set. En la final esperaba nada menos que Nadal, tenista al que el nacido en Lausana nunca había podido vender y actual número uno del mundo. Si bien Rafa no estaba pleno físicamente e incluso por momentos jugó casi parado, a Stan se lo notó metido en el partido desde el comienzo y dominando en todo momento. Más allá de la mejora en su derecha (un golpe con el que Wawrinka estaba en deuda) o su saque, el mayor aporte de Norman vino desde lo mental. El mismo suizo lo reconoce, tanto en darle ánimo y confianza como en ayudarlo a mantenerse enfocado en los momentos claves. La transformación estaba hecha, Wawrinka era ahora sí uno de los mejores del mundo. Norman, por su parte, conseguía el Grand Slam que ya tres veces (una en cancha y dos como coach) se le había negado. Ese mismo año en Montecarlo, Stan derroto a Federer para obtener su primer Master 1000. Al año siguiente, en Roland Garros Stan y Magnus volvieron a alcanzar una final, su contrincante esta vez era Djokovic. El serbio venía de derrotar a Nadal en cuartos, a Murray en semis y era el máximo favorito (Stan había vencido a Federer camino a la final). Pese a todo pronóstico el suizo estuvo simplemente imparable. Desde el saque, la devolución, su derecha, revés e incluso en la red. Stan le pegó a todo cuanto pudo, erró mucho pero acertó más. Así dejó a un Djokovic que parecía invencible sin argumentos para contrarrestarlo. Entonces, Norman vio cómo su dirigido recibía el trofeo de manos de Gustavo Kuerten, el mismo que se lo había negado a él quince años antes. Según palabras del propio Norman esta conquista es la que más disfrutó, significó cerrar una herida.  Ya en el US Open 2016 y nuevamente frente a Djokovic volvieron a sacudir el mundo del tenis. Por tercera vez en su carrera Stan vencía a un N°1 del mundo (y por tercera vez lo hacía en una final de Grand Slam ¿No era que le costaba jugar en los momentos difíciles?). 2017 fue sin dudas su año más flojo juntos. Y por flojo me refiero a semis en Australia, final en Indian Wells, título en Ginebra (ATP 250) y final en Roland Garros… sí, “flojo”. Tras un mal debut en Wimbledon el suizo tuvo que cancelar su participación por el resto del año debido a lesiones. Y así, sin que ni ellos ni nadie lo supieran en aquél momento llegó el fin de la dupla Norman – Wawrinka. ¿Qué nos deja? Un Stan que llegó a ser 3 del mundo, con tres títulos de Grand Slam (70-15). Con un récord de 31-26 vs top ten, 9-15 vs top 3 (¡4-8 vs números uno!) y 11-24 vs el Big4. Además de una Copa Davis para Suiza (2014) en la que Stan contribuyó con dos puntos (su single y el doble junto a Roger) en la final contra Francia. Nada mal…

RG

Stan y Magnus en el vestuario de Roland Garros tras conseguir su mayor triunfo juntos.

En 2016 se entregó por primera vez dentro de los ATP Awards el Coach of the Year. Y Norman, quién si no, se quedó con el premio votado por sus colegas.

Ah, cuando en 2011 Magnus fundó su academia en Suecia junto a otros dos ex tenistas (Mikael Tillstrom y Nicklas Kulti) la llamó “Good to Great Tennis Academy”. Porque eso es lo que mejor hace.