Quizás la hora no le llega en el momento que a él le hubiese gustado y también preferido, principalmente por las circunstancias de dicho trabajo y no por una situación personal. Aun así, aunque no se puede confirmar a ciencia cierta, que para todos los entrenadores argentinos dirigir a la Selección es lo que más desean en su carrera profesional, lo que es seguro es que, para Jorge Sampaoli, sí es la oportunidad de su vida.

“Cualquier entrenador argentino que esté dirigiendo un proyecto deportivo en el mundo, si es llamado por la Selección, no puede decir que no. Es lo máximo para todos”, confesó el ex DT del Sevilla hace un año. Y finalmente, va a poder dirigir a la Argentina. ¿Pero por qué no es el momento oportuno? Porque el tiempo que falta para que arranque el Mundial de Rusia es corto y ese período, en realidad, se resume solo a unos cuantos partidos. No obstante, hablemos del Sampaoli director técnico y cómo puede repercutir esto en la Selección.

Sampaoli, desde sus inicios como técnico, siempre se identificó con Marcelo Bielsa. La intensidad, el ser protagonista y la verticalidad eran ciertos aspectos del juego que el nacido en Casilda no negociaba… Hasta que le tocó dirigir a la selección chilena. Luego de la eliminación, en octavos de final en Brasil 2014, el entrenador argentino comenzó a pensar en un fútbol más pausado, centrándose en no perder la pelota tan seguido porque su equipo no tenía tanta calidad ni en defensa ni en ataque. Se acercó al “guardiolismo” y por eso luego, dos años después en Sevilla, llamó a Juan Manuel Lillo para que sea su ayudante de campo. Lo que inició como una transformación en su forma de pensar, terminó convirtiéndose en una realidad.

“A un conjunto lo define cuáles son sus mediocampistas. En mis equipos necesito, por lo menos, cinco futbolistas inteligentes”, expresó el ex seleccionador de Chile. Esa frase es una declaración de intenciones y de mentalidad. Sampaoli no concibe la idea de no tener un mediocampo que mezcle técnica, buen toque de pelota y dinámica. Para dominar los partidos, como el DT intenta siempre, este requisito es excluyente.

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Otra cosa en la que hace hincapié es en la intensidad. Pero no únicamente cuando no se tiene la posesión de la pelota y las opciones son el pressing o replegar, sino en la concentración en conjunto. Es decir, lograr un ímpetu en todas las facetas del juego, desde dar los pases con la fuerza y tensión necesaria hasta en cualquier circunstancia que el partido proponga, por más mínima que sea. Dicha intensidad no puede ejercerse sin un trabajo previo de cambio de mentalidad y de convencimiento.

“El fútbol se ha vuelto más un negocio que un juego, es difícil conmover a un jugador. Uno trata de que los futbolistas vuelvan a ser los nenes que jugaban para divertirse”, manifestó el técnico argentino. Sampaoli siempre recalca que quiere que sus equipos sean protagonistas, y para lograrlo es clave seducir a sus dirigidos de su idea. Es difícil que no cumpla con el objetivo de convencer a sus futbolistas. Consiguió, con la Universidad de Chile, el primer título internacional en la historia del club. Después logró, con Chile, algo que este país no había ganado nunca: una Copa América. Y por último, clasificó al Sevilla a la Champions League luego de un cuarto puesto y de “pelear” hasta que pudo, con Real Madrid, Barcelona y Atlético en La Liga.

Ahora bien, el concepto general que se tiene acerca de la Selección es que necesita un recambio. Porque varios futbolistas están “quemados” mentalmente –aunque imaginamos que Sampaoli, por la calidad de estos mismos, va a querer recuperar a algunos de ellos–, y también porque hay una camada de nuevos jugadores que pueden comenzar a tener protagonismo en el equipo. ¿Cómo quién? Por ejemplo, Leandro Paredes es alguien que, por sus características, puede llegar a ser una parte importante en el sistema del entrenador argentino. ¿Cómo juega el mediocampista de la Roma? Lo analizamos en este vídeo.

Otro nombre que aparece en la convocatoria es el de Joaquín Correa, una de las revelaciones de la temporada en Europa. Es capaz de posicionarse entre líneas, descargar o girar para intentar desequilibrar con su gambeta. Tiene agilidad para no perderla fácilmente en espacios reducidos, además sabe desmarcarse en espacios cortos y largos. Ofensivamente, el tucumano aporta muchas cosas. Y entre él y Sampaoli ya se conocen por coincidir en Sevilla, por eso no sería sorprendente que comience a ganar protagonismo.

Mauro Icardi es un nombre que viene circulando desde hace tiempo cuando se habla de la Selección. Sería una de las piezas fundacionales de la renovación pero, más allá de que es un gran jugador y de que mete goles en un equipo que no le ofrece suficientes oportunidades, el problema de la albiceleste, sin realizar comparaciones entre un nueve u otro, nunca fue el delantero centro.

Por otro lado, Javier Mascherano se convirtió en un baluarte de la Selección, desde hace más de una década, en la posición de mediocentro. Y, teniendo en cuenta la idea del ex técnico del Sevilla, el futbolista del Barcelona difícilmente vuelva a cumplir ese rol. No quiere decir que vaya a estar relegado porque, por ejemplo, puede ser de utilidad jugando como central o líbero en una línea de cuatro o tres, dependiendo de las circunstancias.
Y este es otro tema que hay que hablar cuando nos referimos a Sampaoli. El entrenador no es un obsecuente de su filosofía. Es decir, en cada partido su intención es ser protagonista, pero no suele repetir un sistema todo el tiempo, sino que, acorde al rival que se enfrenta, puede llegar a realizar cambios por una fortaleza del contrario o para explotar una debilidad del mismo. Al nacido en Casilda siempre se lo relacionó con el bielsismo: “Sampaoli no es un discípulo mío, incluso es mejor que yo gracias a la flexibilidad que tiene como técnico”, contó el propio Bielsa, hace unas semanas atrás, en una conferencia a la que fue invitado en Brasil.

Unas cuantas palabras y todavía no se hizo alusión a, probablemente, el objetivo más importante que va a tener Sampaoli en la Selección Argentina: intentar rodear a Lionel Messi y Paulo Dybala, los cracks del equipo, en un sistema de juego que potencie sus cualidades. Transcurrieron años, ciclos y entrenadores que trataron de armar un conjunto que ayude, al menos un poco, al 10 del Barcelona. Y después de tanto tiempo, los resultados y los ejemplos no fueron muy alentadores. El ex técnico del Sevilla, siempre que tuvo la chance, confesó que para él Messi es el mejor del mundo y que, en algún momento de su vida, iba a tener la oportunidad de dirigirlo. Bueno, le llegó la chance.

La posibilidad de dirigir al astro del equipo catalán y de intentar crear un sistema alrededor de él es algo único, pero no va a estar solo, porque ahora se le va a sumar Dybala. Un futbolista que, tiempo atrás, era un delantero más que otra cosa. No obstante, ahora, con 23 años, juega como un enganche. Genera oportunidades para la Juventus de varias formas, con toques de primera, controles, gambetas, paredes… entiende qué necesita la jugada cada vez que le llega la pelota. También sabe cuándo pausar el juego y, por si fuera poco, además tiene buena pegada. Realmente es un futbolista completísimo.

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La ilusión con Sampaoli es, en cierta forma, la última gran esperanza de ver un equipo ofensivo liderado por Messi. Tratando de dominar el partido, de ser protagonista desde la posesión de la pelota y darle opciones, al capitán de la Selección, de pase o descarga. ¿Es seguro que esto vaya a ocurrir? No, porque nada lo es en el fútbol. Pero, para el entrenador argentino, su idea es la mejor forma posible para llegar a la victoria. Y en los entrenamientos, cuando vea a algunos de los jugadores que va a tener a disposición, es indudable que va a intentarlo convencerlos con el fin de alegrar a un país entero.

Por Patricio Hechem