El 2018 comenzó hace unos días en el planeta tierra y todos nosotros sabemos que significa esto: Es año de Mundial. Hace cuatro años el combinado alemán levantaba la Copa del Mundo en el Maracaná luego de vencer a Argentina en tiempo extra con un solitario gol de Mario Götze a siete minutos del final. En julio de este año le tocará a otra selección levantar la copa en el Estadio Luzhniki de Moscú, y para este servidor amante del juego y de la dimensión táctica que viene amarrada a él no hay mejor forma que prepararse para el Mundial que hacer una mirada histórica de cómo fue mutando el sentido táctico en cada una de las citas mundialistas. Prepárense porque el futbol es un proceso que está en constante cambio y movimiento así que por suerte habrá mucho para leer.

Es imposible empezar a hablar de táctica en la primera Copa del Mundo, Uruguay 1930, sin antes relatar como venía evolucionando el fútbol hasta la llegada de esta competición. Desde sus inicios en las Islas británicas allá por 1860, en el ‘football’ la evolución del deporte hizo que se adquiera un nuevo sentido: el sentido táctico. Este prioriza la disposición de los jugadores en el campo, pero no sólo eso, si no que también le da los lineamientos para seguir, de que forma deben jugar. La táctica no es sólo un número, va más allá, determina los movimientos de los futbolistas y su relación con la pelota.

Para 1870 comenzó este ordenamiento (recién en 1920 aproximadamente se comenzaría a llamar táctica a este concepto) con la aceptación universal del arquero y la primera ley del offside (requería tres jugadores habilitando en vez de dos como en la actualidad) que devino en el primer ‘sistema’: el 2-2-6.

En este fútbol megaprimitivo no había lugar para los pases, los jugadores sólamente corrían hacía el arco rival intentando gambetear a todo rival que se le pare en frente, sin levantar la cabeza para buscar el apoyo de algún compañero.

Anuncio del primer partido internacional de la historia

Anuncio del primer partido internacional de la historia

El primer partido internacional de la historia fue entre Inglaterra y Escocia en 1872 y finalizó en empate a 0. los ingleses mutaron el 2-2-6 clásico de esa época a un 1-2-7 mientras que los escoceses se mantuvieron en el sistema ya antes mencionado pero dando los primeros indicios de juego asociativo, con algún toque de apoyo a un compañero mejor ubicado y también levantando la pelota por el aire para el juego aéreo.

A finales del siglo XIX se dio el primer cambio táctico que revolucionaría el fútbol: uno de los delanteros centrales del 2-2-6 fue retrasado a la zona de volantes. Este mediocampista adicional nombrado centre-half sería clave para dar solidez defensiva a los equipos conteniendo a los ‘insides’ y además fue vital en la asociación del juego de pase primitivo. Así el ‘centrojás’ (castellanización de centre-half) se convertía en la posición más importante de todo el fútbol.

Como todos sabemos la pelota no se quedó solamente en Gran Bretaña. Las corrientes inmigratorias en el resto del mundo importaron el ‘football’ en el resto del mundo y así surgieron los primeros clubes en Europa Central, Europa del Este y Sudamérica.

Jimmy Hogan

Jimmy Hogan

Por Holanda, Hungría o Austria el fútbol se transformó en algo más que en un deporte recreativo, se lo vio como una forma más de arte que debía ser expresado con la mayor belleza posible. Es imposible hablar del fútbol centroeuropeo de los primeros años sin hablar de Jimmy Hogan y Hugo Meisl, el primero un inglés que luego de fracasar en el fútbol nacional emigró hacía Holanda, Austria y Hungría dejando semillas que florecieron más adelante gracias a su obsesión con el fútbol y la que él consideraba ‘la forma correcta de como se debía jugar’. De Meisl tendremos que hablar más adelante porque será protagonista de otro capítulo del fútbol y la Copa del Mundo.

Mientras tanto por la zona del Río de la Plata, gracias a los inmigrantes ingleses y escoceses, el fútbol se instaló en Argentina y Uruguay para luego ser tomado como el instrumento de las clases bajas hijas de italianos y españolas como su forma de brillar, como dice Jonathan Wilson: “Lo que el tango era para la música lo fue el fútbol para el deporte”. Así los ríoplatenses conformaron dos seleccionados que eran los mejores del mundo para las primeras décadas del siglo XX usando el clásico 2-3-5 que ya era la norma mundial pero adaptandolo a su idiosincrasia, no por nada los charrúas se llevaron el oro en los Juegos Olímpicos de 1924 (Argentina no participó) y 1928 (venciendo en tiempo extra a la ‘albiceleste’).

El éxito del fútbol olímpico inspiró a la FIFA, creada en 1904 y cada vez con más adeptos, a pensar su propio torneo de selecciones. Así es como en 1928, tras los Juegos de Amsterdam, quedó diagramada la primera Copa Mundial de la FIFA para 1930. Sólo restaba conocer la sede. Candidatas no faltaban, pero la elegida fue Uruguay por tres principales motivos: por ser los vigentes bicampeones olímpicos, por la fuerte crisis económica que golpeaba a la Europa de la posguerra y por ser el centenario de la independencia uruguaya. Así es como 12 selecciones invitadas (apenas cuatro europeas aceptaron la invitación, ya que el viaje era una muy larga travesía en barco) -no hubo proceso de clasificación- partieron hacía la costa este del Río de la Plata para sumarse a los locales en el primer Mundial de Fútbol.

Sin la presencia de ninguna potencia europea como Inglaterra, Austria, Hungría o Italia, todo indicaba que el primer campeonato del mundo se tenía que definir entre los gigantes sudamericanos Argentina y Uruguay como en Amsterdam hacía dos años atrás, y así fue, ambas selecciones llegaron a la final después de ganar todos sus partidos incluyendo goleadas en la semifinales ante Estados Unidos y Yugoslavia respectivamente, ambas por 6-1.

José Nasazzi, capitán uruguayo y valuarte defensivo

José Nasazzi, capitán uruguayo y valuarte defensivo

A pesar de ser vecinos solamente separados por el Río de la Plata y compartir mucho en la filosofía de juego, los estilos de Buenos Aires y Montevideo eran muy diferentes. Los argentinos contaban con quizá el mejor futbolista del mundo en esa época como lo era Luis Monti, el centre-half de San Lorenzo, quién era dueño de un talento y habilidad con la pelota incomparables para la época, pero la “albiceleste” tenía serios problemas para el juego defensivo, mientras que por el lado “celeste” el punto fuerte era su solidez, apoyados en su capitán y mejor defensor del planeta, José Nasazzi, además del centre-half Lorenzo Fernández, mucho más aplicado que Monti para las tareas defensivas.

lineup

Argentina jugaba a una forma más cercana a los orígenes del deporte, basando el juego en la gambeta e individualidades, algo que llevaría al fútbol argentino a su máxima expresión en los años 40′ con el nacimiento del mito de “La Nuestra”, mientras los uruguayos habían entendido el desarrollo del fútbol hacia un juego dónde el pase y el apoyo constante eran algo fundamental, además de la solidez defensiva. Así, en un Estadio Centenario abarrotado con casi 100.000 almas, los locales se hicieron fuertes llevándose el encuentro por 4-2 gracias a los goles de Dorado, Cea, Iriarte y Castro. La solidez había vencido al talento en la primera Copa del Mundo, y esta no sería la única vez.

Lo sucedido en la primera Copa Mundial de la FIFA fue un éxito tan grande que a la asociación no le quedó otra que repetir la fórmula cada cuatro años. ¿La próxima cita? Italia 1934, pero eso quedará para el próximo capítulo.

Fuentes:

Inverting the pyramid: The history of football tactics – Jonathan Wilson – Reedición 2013

Football / Soccer: History and Tactics – Jaime Oreján – 2011

History Of The World Cup | Tactics Explained | 1930-1950 – Tifo Football

Jimmy Hogan: The Englishman who inspired the Magical Magyars – BBC