A fines del mes de abril se cumple la sanción que María Sharapova recibió por doping en marzo de 2016, tras dar positivo de Meldonium en el Abierto de Australia del año pasado. El Meldonium había sido incluido en la lista de sustancias prohibidas en enero de 2016, apenas unas semanas antes de Australia. Sharapova dio una conferencia de prensa anunciando su suspensión y argumentando que la sustancia era un medicamento que tomaba desde 2006, recetado por su médico de cabecera para tratar la diabetes y la insuficiencia de magnesio. Pocos le creyeron a la tenista rusa, que recibió críticas de parte de las estrellas del tenis, perdió sponsors y fue suspendida por dos años por la Federación Internacional de Tenis.

Mientras el caso avanzaba, muchos otros dopings por Meldonium resonaban en otros deportes. Más de un 90% de los suspendidos eran de origen soviético. En octubre de 2016, el Tribunal de Arbitraje Deportivo redució la pena de Sharapova de 24 a 15 meses, debido a la confusión que prestaba el hecho de que había tomado la droga por más de 10 años sin recibir sanción alguna, que un médico se la había prescripto por razones médicas y no deportivas y que no había recibido ninguna advertencia especial de parte de la ITF, la WTA o la WADA sobre la prohibición de la sustancia.

Sharapova en la conferencia de prensa de 2016 en la que anunció que sería suspendida por doping

Sharapova en la conferencia de prensa de 2016 en la que anunció que sería suspendida por doping

Ahora, toda esta cuestión de la suspensión, merecida debido a infringir el reglamento, haya sabido o no que lo estaba haciendo y siendo o no realmente significativa la ayuda deportiva del Meldonium (algo que los especialistas aún discuten) ya fue casi cumplida en su totalidad. Sharapova perdió sponsors, perdió dinero, perdió oportunidad de jugar torneos importantes como cuatro Grand Slams y los Juegos Olímpicos, perdió su ranking en el circuito WTA y su imagen “impoluta” quedó manchada.

Ahora, en el momento de su retorno, lo que más la complica a Sharapova es la pérdida del ranking. Normalmente, cuando una estrella del tenis no juega durante un largo plazo de tiempo por alguna lesión grave, utiliza el “ranking protegido” para poder jugar en los más importantes y así ir recuperando su lugar, como por ejemplo lo hizo Juan Martín del Potro en 2016 para poder escalar desde atrás del puesto 1000 al top 50 del ranking mundial. Y al agotarse el ranking protegido (solo se lo puede utilizar en una determinada cantidad de certámenes), siempre están las invitaciones por parte de los torneos, que quieren y necesitan tener a las grandes estrellas presentes por la atracción que generan en el público, sin importar cuál sea su actualidad.

El circuito de la WTA actualmente está bastante devaluado, con Serena Williams como única superestrella, Angelique Kerber (ganadora de dos Grand Slam en 2016 y número uno pero a la que le falta dar un salto aún en lo “marketinero”) como oponente principal, y un top ten compuesto por jugadoras con talento, pero que no convocan, como Karolina Pliskova, Elina Svitolina o Johanna Konta. Ni siquiera está lleno de figuras muy jóvenes, como solía suceder en el tenis femenino. Las únicas top 50 menores de 23 años son Madison Keys (9), Svitolina (10), Yulia Putintseva (31), Ana Konjuh (33), Daria Kasatkina (35) y Katerina Siniakova (42). Para colmo, Petra Kvitova, ex campeona de Wimbledon en dos oportunidades, fue atacada a fines de 2016 en una invasión a su casa y todavía está sin jugar.

El circuito necesita, por su tenis y más que nada por su aporte a la máquina de hacer dinero, el regreso de Sharapova, y la misma Masha necesita al circuito y sus wildcards, para regresar sin tener que disputar torneos de la categoría más baja y clasificaciones, como cuando tenía 15 años en el 2002.

Los directores de Stuttgart (categoría Premier, equivalente a un ATP 500, del que Sharapova fue campeona en 2012, 2013 y 2014 y que es auspiciado por Porsche, marca que tiene como vocera a María), Madrid (Premier Mandatory, uno de los cuatro torneos más prestigiosos después de los cuatro Grand Slam) y Roma (Premier 5, categorizado entre los Premier Mandatory y los Premier, del que la siberiana también es tres veces vencedora), ya anunciaron que le darán una invitación a la tenista rusa. En Stuttgart hará su retorno el 26 de abril, mientras que Madrid y Roma se disputan a mediados de mayo.

Porsche es sponsor de Sharapova y la necesita "si o si" en el torneo de Stuttgart que sponsorean.

Porsche es sponsor de Sharapova y la necesita “si o si” en el torneo de Stuttgart que patrocinan.

Esos tres certámenes que Sharapova disputará son los tres torneos principales de polvo de ladrillo en el camino a la meca de dicha superficie y el Grand Slam que mejor le sienta, Roland Garros. Justamente Bernard Giudicelli, el presidente de la Federación Francesa de Tenis, dijo que sería contradictorio invertir un millón de euros en luchar contra el doping y luego invitar a una jugadora sancionada por dicha causa, por lo que no se espera que Sharapova este presente en 2017 en las canchas parisinas ya que su única chance es recibiendo una Wild Card por parte de la organización del torneo. Si podría hacerlo en el siguiente Grand Slam, Wimbledon, si en los tres torneos a los que fue invitada obtiene grandes resultados, como por ejemplo una final, que la propulsen meteóricamente al top 100.

Lo que Sharapova no recuperará rápidamente es el cariño de sus colegas del tour, que ya de por si no la querían demasiado antes. La ex número uno y ganadora de cinco grandes (dos Roland Garros, un Open de Australia, un Wimbledon y un US Open) apenas recibió apoyo mediático de su compatriota Svetlana Kutnesova, mientras que Alize Cornet, Caroline Wozniacki y Francesca Schiavone, por citar a algunas, fueron muy duras con ella en los medios, y en general no están de acuerdo con que reciba invitaciones.

La WTA también cometió un gran error de comunicación al publicar un tweet que decía “María, el tenis te necesita”, algo que todos sabemos que es así pero que hace sentir desmerecidas y desprotegidas por su entidad al resto de las jugadoras. De hecho, ese tweet fue borrado luego de varias quejas. Las estrellas masculinas, como Andy Murray, Jo-Wilfried Tsonga y Nick Kyrgios, si fueron más duros con Sharapova, en el caso de Tsonga tratándola de “una mentirosa que no aprenderá nada y lo hará de nuevo”.

Sharapova levantando la copa frente a la Torre Eiffel, una imagen que parece que nuevamente no podrá repetirse

Sharapova levantando la copa frente a la Torre Eiffel, una imagen que parece que nuevamente no podrá repetirse

En mi opinión, Sharapova ya recibió su castigo merecido por una sustancia que ingirió durante casi toda su carrera, pero que no está 100% comprobado que otorgue una gran ventaja deportiva. Tras la sanción que la marginó durante una temporada y media, es una jugadora más del circuito, y una pieza muy importante para buscar revitalizarlo. Que en defensa de sus intereses cada una opine lo que quiere si se sintió perjudicada, pero los certámenes están en todo su derecho de darle una invitación buscando maximizar su negocio, y, lo más importante, ofrecerle un buen espectáculo al público, el público que hace que las jugadoras ganen cientos de miles de dólares en los grandes torneos, incluso la misma cifra que reciben los hombres en los Grand Slam, en un gran gesto de igualdad, a pesar de que los hombres juegan partidos más largos y el circuito de la ATP es claramente más redituable que el de la WTA.

Ni hablar, además, de lo mal que funciona en verdad el doping en el tenis, con una superestrella como Andre Agassi que según él cuenta fue perdonado enviando una carta a la organización, Richard Gasquet y su excusa de que la cocaína se la habían “contagiado” mediante un beso y los varios casos de positivos erróneos que hubo, como el de Guillermo Cañas. De hecho, otros dos jugadores dieron positivo de Meldonium, la estadounidense Varvara Lepchenko y el bielorruso Sergey Betov, y ninguno de ellos fue suspendido.

Maria ya pagó las consecuencias, vaya uno a saber si injustamente o no, en más de un año aún no lo pudieron afirmar, ahora denle al público lo que quiere, #FreeMasha.