Uno de los grandes fracasos de la industria cinematográfica en los últimos años ha sido el desarrollo y evolución del universo cinemático de la empresa de cómics DC. Esta, propietaria de los derechos de muchos de los más queridos personajes de la historia del noveno arte, no ha sabido construir historias atrapantes, atractivas y… ejem… coherentes para explotar la popularidad de figuras icónicas de la cultura pop como Batman, Superman y la Mujer Maravilla. Ni siquiera fue suficiente incorporar a un probado profesional de altísimo prestigio en la dirección como es Joss Whedon.

Bueno, esto es en el mundo del cine. En el del básquet, el equivalente al DCU son los Minnesota Timberwolves. A pesar del desalentador rendimiento dentro de la cancha, Ningún equipo ha sumado un nivel de talento similar al que estos consiguieron en las últimas tres temporadas.

El enviar a Kevin Love rumbo a Cleveland, significó la llegada del jugador número uno del draft de 2014, Andrew Wiggins, un prospecto con cualidades físicas que muchos comparaban con LeBron James. Al año, otra temporada con derrotas a troche y moche les permitió sumar una nueva primera selección, el dominicano-estadounidense Karl-Anthony Towns, quien había amagaba con ser la resurrección de Tim Duncan en la universidad de Kentucky.

Ante semejante aglutinamiento de blue chippers, el curso siguiente se sumó Tom Thibodeau como coach. Thibs, una de las grandes mentes defensivas de este siglo, fue seducido por la juventud y talento del plantel, mudándose a Minneapolis, y llevando allí, esta temporada, a Jimmy Butler, tal vez su mayor adláter en los Chicago Bulls, y uno de los mejores stoppers perimetrales de la NBA.

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Dos de los jugadores jóvenes más talentosos de la liga, un coach de primera línea y un All Star. La receta para el éxito deportivo. Solo que no estaría funcionando del todo.

Por un lado el récord del equipo no solamente es positivo. Es realmente bueno. Son el cuarto mejor equipo de la Conferencia Oeste, con 16 victorias y 10 derrotas, y el séptimo mejor de toda la liga, por delante de  los Bucks del candidato a MVP, Giannis Antetokounmpo.

Sin embargo, es imposible verlos y sentir que la situación del equipo es exitosa. Han ganado demasiados partidos caóticos, el juego ofensivo no fluye, y en defensa parecieran ser uno de los equipos más tontos y con menos ganas de esforzarse de toda la liga.

¿Lo peor? Los números respaldan esto.

A pesar de tener el séptimo mejor récord de la liga, su point differential (puntos anotados más puntos recibidos, dividido por partidos jugados) es de 0.8, 13vos en toda la NBA. Esta estadística es interesante porque suele condecirse con el éxito de los equipos a largo plazo, y es muy útil para intentar predecir el futuro de los mismos. Esto significa que su rendimiento a lo largo de este primer tercio de la temporada ha sido el de un equipo que clasifica a playoffs y poco más. La diferencia entre point differential y récord real, en este caso, se da porque A) ganaron varios partidos cerrados que tranquilamente podrían haber perdido (factor suerte), y B) no han tenido el fixture más complicado del mundo en lo que va de la temporada. Si utilizamos el rating ajustado por dificultad del fixture (via NBA Stuffer), los Wolves estarían exactamente en la mitad de la tabla, al borde de quedarse fuera de la postemporada.

Comparte este Thibs de la suerte para que tus defensas siempre hagan ICE ICE ICE en el pick and roll

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Hay más.

Según Basketball Reference, son la 5ta mejor ofensiva de la liga (¡qué bien!), así como la 5ta peor defensa (¡qué mal!). Esto los posiciona como un equipo de mitad de tabla, tal cual comentábamos en el párrafo anterior.

Todo esto grita “regresión” teniendo en cuenta los próximos meses. Lo más probable es que estos números empiecen a trasladarse al récord de victorias. Y hay un buen número de razones para que esto ocurra.

Gran parte del problema proviene del personal y sus características. El plantel está sobrado de talento, pero parece armado en una partida del 2K, y no pensando en una competencia real. En general se trata de jugadores que necesitan la pelota en sus manos para ser efectivos, que no se complementan demasiado entre ellos, lo cual dificulta que el todo sea más que la suma de las partes (y por momento, incluso, complica que lleguen a ser incluso solamente eso).

Andrew Wiggins es, tal vez, el máximo exponente de este problema.

El elegido como número uno del draft del 2014 es el ejemplo más claro del concepto de “calorías vacías” aplicado a un jugador de básquet. Sus números a simple vista son buenos (18.2 puntos, 4 rebotes y 1.2 robos por partido), pero no aporta demasiado a la hora de ganar partidos. En primer lugar, está siendo particularmente ineficiente, tirando 31% en triples, 64% en libres (aunque sería de esperar que sus números se equilibren a algo más similar a sus mediocres 36% y 76% del año pasado). Básicamente está tirando por debajo del promedio de la liga desde todos los puntos de la cancha menos al lado del aro:Captura de pantalla 2017-12-10 a la(s) 16.25.00

Otro inconveniente con él es que aunque tiene algo de habilidad para crearse sus tiros, es absolutamente incapaz de generar oportunidades para otros. En su tercer año en la NBA no ha desarrollado su visión como para mantener involucrados a sus compañeros y dejar de ser solamente un anotador en el uno contra uno. En realidad no ha incorporado demasiado desde su llegada a la liga, si vamos al caso, y eso es extremadamente preocupante.

Pero lo peor es su defensa. Wiggins tiene todas las características del prototipo de defensor ideal en la NBA: brazos largos, excelentes herramientas atléticas, potencia física. Y sin embargo, en ese apartado lo suyo es decididamente malo. Esto es todavía peor considerando que ni siquiera tiene que hacerse cargo de los mejores atacantes rivales (para eso trajeron a Jimmy Butler).

El swingman formado en Kansas lisa y llanamente no suma. Cuando él está en cancha, los Wolves tienen un net rating de -10 (reciben 10 puntos más de los que anotan cada 100 posesiones). Para colmo de males, viene de firmar una extensión de contrato por el máximo, 150 millones de dólares en cinco años, que arrancaría la próxima temporada, cuando ningún otro equipo iba a ofrecerle algo similar.

Pero hay chances de su caso ni siquiera sea el más desesperanzador del plantel. Ese lugar lo ocupa Karl-Anthony Towns.

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Karlito llegó a la liga como un prospecto totalmente preparado para aportar en el máximo nivel, y, en principio, no decepcionó. Ofensivamente es una máquina capaz de hacer todo, además de un gran reboteador. Sin embargo, se suponía que desde su paso por Kentucky, iba a ser un talento generacional en defensa, y hasta ahora no ha demostrado estar a la altura. No solo eso, KAT es un problema para su propio equipo. No solamente se toma libres jugadas enteras, abandonando asignaciones, perdiéndose en las rotaciones y permitiendo puntos fáciles, también salta inmediatamente a realizar un tapón ante el más mínimo atisbo de amague de un rival. Este “salto precoz”en defensa le ha ayudado a inflar sus números de bloqueos, pero en general significa que los contrincantes anotan sin complicación, y bajan fácilmente rebotes ofensivo, siendo que el interno abandona esta parte del juego al enfocarse la tapa. Si su approach a esta faceta del juego es similar a su desempeño en la cama… solo digamos que nadie envidiaría a la Señora Towns.

A esta altura su progreso debería ser mayor. Y si lo suyo deja peor gusto de boca que Wiggins, es porque el alero tenía potencial para ser un buen jugador, mientras que KAT tiene la posibilidad de ser el mejor de su generación.

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Esta jugada es una muestra de todo lo que preocupa en Karl-Anthony Towns. En lugar de, no sé, seguir a uno de los mejores definidores en el pick and roll como es DeAndre Jordan aprovechando la superioridad numérica de la defensa, señala la pintura a un compañero y se desentiende absolutamente de la jugada, dejándole vía libre al rival para un doble fácil.

Hay más:

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Aquí KAT tarda una eternidad en procesar lo que está ocurriendo en la cancha. Su marca está apostada en la esquina superior, pero en lugar de estar despierto, dispuesto a realizar la ayuda cuando sea necesaria, termina clavado en el bloque derecho, observando una bandeja de un Harrison Barnes que no es precisamente la viva imágen de la velocidad en la NBA. Uno casi puede ver el circulito de “loading”sobre su cabeza mientras se desarrolla la jugada.Dicho sea de paso, quien pierde la marca es Andrew Wiggins, pero eso es más mérito del diseño ofensivo que otra cosa. No se preocupen, en esta no se salva:

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Acá vemos cómo, de alguna manera, KAT y Wiggins se las ingenian para que, de alguna manera, el no-pick and roll menos dinámico de la historia entre Wes Johnson y DeAndre, termine rematándose como si fuera de manual. Los defensores realizan el Ice, la defensa favorita de Thibs en el pick and roll, en la que quien marca al dribbleador le niega la cortina. Sin embargo, Wiggins no cierra bien la marca para que Wes no pueda pasarla, y Towns no es lo suficientemente agresivo como para atrapar quien lleva el balón (siendo que no es alguien que maneje la pelota con soltura). Pero tampoco retrocede al aro para proteger la pintura. No hacen switch. No hacen NADA. Y eso que la jugada es realizada por la ofensiva con la misma convicción con la que yo emito voto en un ballotage.

Hay un par de compañeros que, sin embargo, están haciendo lo posible para salvar al equipo en ese apartado.

Lo de Jimmy Butler es loable. El alero ha resignado las comodidades de ser una superestrella en Chicago para ceder tiros y dedicarse a defender en Minnesota. Sus números han caído, pero así y todo, se encarga noche tras noche de marcar al mejor jugador de los rivales. Aunque todavía no ha emitido queja, no me sorprendería verlo intentar asesinar a un compañero más adelante en la temporada.

El otro que se salva en defensa, por el momento, es Taj Gibson. El ala pivot, otro viejo conocido de Thibs y Buttler en Chicago, le brinda una gran dosis de solidez a la marca interior del equipo en base a garra e inteligencia. El principal problema con él es la falta de tiro en el ataque, pero viendo y considerando que pareciera que toda la plantilla está obsesionada con jugar uno contra uno, tampoco sería un inconveniente demasiado grande.

Butler y Gibson deberían ser ejemplos a seguir. Lamentablemente nadie en el plantel parece imitarlos. Jeff Teague es efectivo en ataque siempre que el rival no tenga un buen protector cerca del aro ni base experto en defensa; Shabazz Muhammad solamente sabe postearse, lo cual no es una buena señal en un jugador de menos de 2 metros en 2017; Gorgui Dieng tiene un tiro fiable de media distancia y, si entienden algo de analytics, saben que eso es lo más parecido a un insulto que se puede decir en la NBA al mismo tiempo que se halaga a alguien; Nemanja Bjelica ha conseguido transformarse en un excelente tirador de triples, pero sigue cometiendo errores con el balón en sus manos, y es absolutamente incapaz en defensa; Tyus Jones ha conseguido el dudoso logro de empeorar en cada año que lleva en la liga; y Aaron Brooks… momento ¿Aaron Brooks sigue jugando en la NBA? Al parecer Thibs va a contratar a cualquiera que haya jugado para el en Chicago, lo cual supongo son buenas noticias para Joakim Noah y los Knicks.

Pero dejamos lo mejor para el final. Señoras y señores, Jamal Crawford:minny 4 kill jamal

De alguna manera, Jamal queda emparejado en defensa con Austin Rivers, uno de los jugadores menos respetados del mundo, e igualmente los Clippers piensan “Rápido, démosela a Rivers y que aproveche el uno contra uno”. No solamente J-Crossover (sigh) es incapaz de mantenerse delante de su rival. No solamente retrocede caminando hacia atrás con ambos pies en línea como si se tratase de un egipcio en una demostración de footwork pobrísimo. No solamente se nota que su postura defensiva tiene la estabilidad de la industria de las punto com circa 1998. No solamente le permite a Rivers tirar tranquilamente a dos metros del aro.

No.

También hace foul. 
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Esta es una mezcla de culpas. Si, por un lado Towns (Towns, Towns, siempre Towns) sale disparado al perímetro, probablemente asustado por la amenaza de tiro de tres puntos de (lee la planilla) ¿SALAH MEJRI? ¿Es joda? En fin, eso no es nada. Por favor observen la defensa de Crawford. De alguna forma olvida que el Ice (negar la cortina en el pick and roll) debe realizarse cuando el rival va de afuera para adentro, no al revés. Por eso pareciera correrse a propósito para dejar pasar al base rival.

Si no fuera, además, un agujero negro incapaz de pasar la pelota en ataque, y (a esta altura de su carrera) un anotador absolutamente ineficiente, lo de Jamal podría discutirse. Pero los Wolves van a estar pagándole 4.5 millones de dólares los próximos dos años para estar ahí y dar asco.

Y aquí encontramos el último problema: Tom Thibodeau

El equipo, como vimos, ejecuta mal las nociones básicas del esquema defensivo de Thibs. Si no fuera porque él es además el principal responsable de conformar la plantilla (cumple el rol dual de entrenador/general manager) podría decirse que no tiene el personal perfecto para esto. Pero no tiene a quién culpar.

Además, el coach mantiene una vieja costumbre de sus años de Chicago, que consiste en la utilización de la “bench mob”. Esto es, básicamente, utilizar segundas unidades conformadas íntegramente por suplentes, con  el objetivo de que los titulares jueguen la mayor parte del tiempo junto. Sin embargo hoy la liga va hacia un enfoque totalmente opuesto. Hoy se espera que los entrenadores dispersen los minutos de sus figuras para que siempre tengan en cancha a al menos una de ellas (al menos cuando tienen más de una). Es lo que hace, por ejemplo, Houston con Harden y CP3 (en palabras de D’Antoni, para tener siempre un base hall of famer en el parquet). Minnesota hace lo opuesto. El quinteto de Teague-Wiggins-Butler-Towns-Gibson es el que más minutos ha jugado en toda la NBA a lo largo de esta temporada. Y si, esta formación es particularmente efectiva, anotando 7.5 puntos más de los que reciben por cada 100 posesiones, pero el resto de las mismas son un desastre. Por ejemplo, cada vez que Butler sale del campo, la defensa del equipo se cae a pedazos. Sin él, los Wolves reciben 124 puntos por cada 100 posesiones (para un net rating de -14).

Jimmy es lo único que parece mantener en pie el castillo de naipes de Minnesota. El equipo ya se movió con el objetivo de ganar ya. Wiggins, Towns y Thibs tienen que mostrar de una vez que están a la altura.