“El tenis es un deporte que muchos juegan y en el que siempre gana Roger Federer”. Siempre es el mismo. Él es dueño. Ya volvió a tomar dominio del tenis mundial. Aunque en los últimos años dejó que otros se apropiaran del mando, fue sólo un préstamo que concluyó en el mes de enero pasado, cuando el maestro ganó la final del Australian Open a Rafael Nadal, un superclásico que nunca pasará de moda, y de esa manera logró conquistar su Grand Slam número 18. “Acá estoy, de nuevo y mejor que nunca”, ese pareció ser el mensaje que envió luego de empezar el año derrotando a figuras tan relevantes como Stan Wawrinka, Kei Nishikori y el mismo español.

Federer besa el trofeo del Australian Open

Federer besa el trofeo del Australian Open

Con 35 años, este fenómeno, que se reinventa todo el tiempo, es dueño de un tenis rico y potenciado; con aún más técnica y experiencia. En Indian Wells se cargó a Steve Johnson, Stéphane Robert, Nick Kyrgios, John Sock y su compatriota Wawrinka en la final, coronándose campeón de su segundo torneo del año.

En una versión rejuvenecida del maestro, similar a la de 2004-2007, el factor de cambio más influyente en su juego fueron las piernas. Posee mas reacción y movilidad, esto le permite llegar antes, mejor y con más confianza a los tiros. Se divierte engañando a sus rivales. Con la pelota enfrente, decide golpear cuando está subiendo, y no le termina dando aire ni tiempo al rival. Hoy es capaz de pegar una derecha plana y rápida seguida de otra alta y con un fuerte top. Francis Tiafoe, Juan Martin Del Potro, Roberto Bautista Agut, Tomas Berdych y nuevamente, Kyrgios y Nadal lo tuvieron que padecer en Miami. “Si sigue jugando así será número uno, habrá que felicitarlo y ya está”, declaró el español, luego de caer en la final del fin de semana pasado y su tercer duelo contra el suizo en 2017.

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Roger está más sabio que nunca y sabe leer las señales que le da su cuerpo, tomará un descanso y seguramente jugará sin presiones en Roland Garros, ya que es una superficie que lo desgasta demasiado. Irá distendido con el objetivo de guardar fuerzas para la segunda a parte del año. El inoxidable maestro continuará dando que hablar en Londres y Nueva York.

Sin dudas, el Federer de 2017 es un fuera de serie y recién está comenzando. Ganó 18 partidos de los 19 que disputó y 3 torneos de los 4 que participó. Un disparate. Una bestia competitiva que buscará ascender a lo más alto del ranking y seguir agigantando su leyenda. Lo hará cuanto él quiera. Él decidirá. Él seguirá siendo el dueño, el mismo de siempre, que está jugando mejor que nunca.

Por Santiago Sandoval