Desde que en 2001 retomó su lugar como parte del primer circuito, el ATP 250 de Buenos Aires se transformó en un clásico del verano porteño, en las canchas de polvo de ladrillo del Buenos Aires Lawn Tennis Club, la “catedral” del tenis argentino. Es tomado por las autoridades del BALTC como el “Campeonato del Río de la Plata” que se disputó por primera vez de forma oficial en 1894, por lo que es uno de los torneos más antiguos del mundo luego de los míticos Wimbledon, US Open, Roland Garros y el Abierto de Canadá, y año tras año se reafirma como uno de los más importantes dentro de la categoría ATP 250 por la cantidad de público que acude y la calidad de jugadores presentes para un torneo del cuarto escalón del circuito.

En esta ocasión la gran figura que había confirmado su participación era el croata Marin Cilic. El croata pasa probablemente el mejor momento de su carrera, aprovechando las lesiones de Andy Murray y Novak Djokovic. El campeón del US Open 2014 llegó a la final de Wimbledon 2017 y del último Abierto de Australia, es decir fue finalista en dos de los últimos tres Grand Slam, pero ahora acusó desgaste luego de los siete partidos en el Major de Oceanía y haber jugado dobles de Copa Davis el 3 de febrero en Croacia y se bajó del torneo argentino. También se bajó el campeón defensor, Alexandr Dolgopolov.

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Sin Cilic, el gran cartel de la semana es para el austríaco Dominic Thiem, actual #6 del mundo a quién me atrevo a calificar como el “Príncipe” del polvo de ladrillo siendo Rafael Nadal el rey indiscutido. Thiem, que basa casi todo su juego desde el fondo de la cancha y con puntos largos, lógicamente se encuentra muy cómodo en las canchas de arcilla. Allí es dónde obtuvo seis de sus ocho títulos ATP (incluyendo Buenos Aires 2016 con triunfo sobre Nadal en semis) y además jugó cuatro finales, entre ellas la del Masters de Madrid 2017 en la que cayó con la leyenda española. Llegó a semifinales en las últimas dos ediciones de Roland Garros y, con Nole, Murray y Stan Wawrinka tocados y un Federer que quizá se guarde de nuevo, parece ser candidato este año en caso de que a Nadal le suceda algo (de lo contrario el de Manacor no pierde en París).

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En un ATP de polvo de ladrillo, nunca falta la presencia de la “Armada” española, que en Buenos Aires se siente como en casa. Tan así que desde 2009 a 2015 se llevaron todas las ediciones nombres distintos como Tommy Robredo, Juan Carlos Ferrero, David Ferrer (tres consecutivas), Nicolás Almagro y Rafael Nadal. En esta ocasión ninguno de esa “vieja escuela” dirá presente, pero habrá cinco hispanos con mezcla de “viejitos” y jóvenes. La carta principal es Pablo Carreño Busta, segundo favorito, semifinalista del último US Open y #10 del ranking mundial. El asturiano de 26 años dejó gran imagen en Buenos Aires tras la semi de la temporada pasada e intentará reeditar en una final vs Thiem un choque que fue de primera ronda en la edición de 2016.

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Albert Ramos-Viñolas (#21), finalista del Masters de Montecarlo en 2017, es otro que acostumbra a visitar Buenos Aires y en esta oportunidad es el tercer favorito. Llega de perder la final del ATP de Quito (si Buenos Aires es un 250 con aires de 500, Quito es un 250 con aires de Challenger) contra su compatriota Roberto Carballés Baena (#107), un canario de 24 años que estaba fuera del top 100 antes de consagrarse en Ecuador pero se metió en el cuadro de Buenos Aires mediante una special exempt por su desempeño en Quito. Debutará en Argentina tras haber caído en la qualy dos veces. Un Fernando Verdasco (#40) ya veterano es una atracción, debido a que, más adepto a las canchas rápidas, jugó apenas dos lejanas veces (2004 y 2012) el Open Porteño. La lista de españoles la completa Guillermo García López (#69).

La carrera de Diego Schwartzman (#24) no para de crecer hace poco más de dos años. Su 2017 tuvo picos muy altos (cuartos de final en el US Open con triunfo sobre Marin Cilic) y un título esta semana lo catapultará por primera vez al top 20 del ranking mundial, al que pertenece por su nivel actual, ese lote con los Querrey, Pouille, Bautista Agut, Fognini, Ramos-Viñolas, Isner, etcétera. Es el crédito local para romper con una racha que sino llegará a 10 años sin campeon argentino: apenas Mónaco en las finales de 2009 y 2015 y Chela (actual entrenador del “Peque”) en 2011 se acercaron. En el Abierto de Australia se vio al mismo Schwartzman del 2017 y hasta un poquito mejor físicamente y en su gran debilidad, su saque. Llegó a octavos de final y le jugó de igual a igual a Nadal. El porteño que apenas llega al 1,70 tiene con que ilusionarse.

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Además de Schwartzman, hay otros ocho tenistas argentinos en el cuadro principal: estarán los campeones de Copa Davis Leonardo Mayer (#51), Federico Delbonis (#70) y Guido Pella (#60), y un Horacio Zeballos (#66) cada vez más volcado a ser doblista. Mediante invitaciones del torneo ingresaron tres más: un preferido del público como es “Charly” Berlocq (#119), que con rankings bajos fue semifinalista en 2015 y 2017 venciendo a Fognini y Ferrer, uno que intenta establecerse en el circuito ATP como Nicolás Kicker (#80), que ganó dos partidos en el Australian Open, y un cordobés de 22 años, Pedro Cachín (#272), que intentará aprovechar la oportunidad para regresar al top 200 y el circuito de challengers (le ganó uno en Sevilla en 2015 a Carreño Busta).

Por la qualy se metió el noveno argentino, el zurdo santafesino Facundo Bagnis (#195), campeón de 11 torneos challenger y medallista de oro en los Juegos Panamericanos 2015. Bagnis fue la figura del fin de semana de la clasificación, que tuvo partidos con realmente mucho público en un BALTC con entrada libre y gratuita. Primero le ganó por 6-1 y 6-1 a un errático Tennys Sandgren (#54), el mismo que hizo cuartos de final en Australia venciendo a Wawrinka y Thiem y tuvo que jugar la qualy por el entry list anticipado. Acá el estadounidense pareció demostrar que el polvo no es lo suyo, jugó muy apurado y regaló el partido con errores no forzados ante alguien formado en estas canchas como es Bagnis. Luego, el domingo, “Facu” remontó contra Gastao Elias (#115) y ganó 6-7, 6-1 y 6-1. Por la qualy también se metieron los brasileños Thomaz Bellucci (#108, ex 21 del mundo, está regresando de una suspensión por doping de seis meses) y Rogerio Dutra Silva (#101) y el italiano Marco Cecchinato (#98).

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Si es por show, hay dos extranjeros que son espectáculo garantizado: el francés Gael Monfils (#43) y el italiano Fabio Fognini (#22). La “Pantera” de París nunca terminó de demostrar en resultados todo el talento que tiene, pero aún así jugó semifinales en los Grand Slam de París y New York, tres finales de Masters 1000, ganó siete títulos ATP y fue seis del ranking mundial a fines de 2016. Este año optó por la gira sudamericana de polvo de ladrillo en lugar de la europea indoor y viene de perder con Thiago Monteiro (#118) en cuartos de final de Quito. Fognini en cambio es casi un argentino más, el tipo más parecido a Gastón Gaudio que hay hoy en el circuito, por la combinación de talento y cabeza. Es visitante asiduo de Buenos Aires pero lleva tres derrotas consecutivas en primera ronda y sólo una vez se lució: fue finalista en 2014. Más allá del resultado, el tenis de Monfils y Fognini vale la entrada.

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Las otras dos visitas extranjeras de muy buen nivel para lo que es el torneo son el británico Kyle Edmund (#26), que viene del primer gran hit de su carrera al haber sido semifinalista en Australia, y el uruguayo Pablo Cuevas (#32), dueño de un revés a una mano precioso y actual tricampeón del ATP de Sao Paulo. Ambos le pueden dar un susto a cualquiera en arcilla.

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El cuadro da algunos puntos para el análisis: en la primera ronda, el partido del martes entre Monfils y Cuevas se lleva todas las miradas, con dos talentosos frente a frente. En 2015 hicieron un partidazo a cinco sets en tercera ronda de Roland Garros (ganó Monfils), luego de que el francés venciese a Schwartzman y el charrúa a Thiem, vaya casualidad. La jornada del martes, con ese partido sumado a los debuts del “Peque” (contra Haider-Maurer, austríaco rankeado 418 que participa por el ranking protegido), de Edmund y de Verdasco (ojo a estos dos ante Monteiro y Carballés Baena que puede haber alguna sorpresa) y el choque Argentina-Brasil de Leo Mayer con Dutra Silva, es mucho más interesante que la del lunes, de la que apenas se destaca el cruce Pella-Kicker a la noche.

Salvo Cachín ante Bellucci, el resto de los argentinos no la tiene demasiada complicada para avanzar a la segunda ronda, aunque también excepto Schwartzman ninguno tiene un partido fácil. Para el miércoles y jueves, en octavos de final, se puede esperar por cruces como Thiem-Zeballos, Kicker/Pella-Verdasco, Fognini-Mayer, Schwartzman-Bellucci, y Edmund-Delbonis.

Lo más atractivo viene para el viernes en cuartos de final: Thiem-Verdasco, Fognini-Cuevas/Monfils/Mayer, Schwartzman-Ramos y Edmund-Carreño serían todos muy lindos partidos en esta superficie, que dan cuenta de un torneo de nivel muy parejo que tiene a seis jugadores entre los 26 mejores del ranking, bastante para un ATP 250 que está muy vivo y al que un cambio de superficie (a cemento si el ATP 500 de Rio también vira a eso) lo podría potenciar mucho más en cuanto a figuras top 20 y a traer a la frutilla que le falta al postre, Juan Martín del Potro, que siempre elige esas canchas para prepararse de cara a los Masters de Miami e Indian Wells.