Boca no gana la Libertadores desde 2007. Volvió a jugar una final en 2012, pero la perdió ante el Corinthians y hace ya seis años que intenta llegar nuevamente a la última instancia. De todas formas, en cada Copa que se juega el mote de candidato no se lo saca nadie al equipo Xeneize.

Y, obviamente, en 2018 tampoco es el caso. Boca llega a octavos de final con el plantel más talentoso y amplio de los 32 clasificados. Guillermo Barros Schelotto cuenta con muchas variantes, sobre todo del mediocampo hacia adelante y el entrenador deberá encontrar la forma de lograr que la mayoría, porque todos no entrarán en el 11 inicial, encajen en un mismo sistema.

Dicha encrucijada no le produjo inconvenientes a Boca en el torneo local porque es el bicampeón del fútbol argentino. La diferencia se encuentra cuando se enfrenta a rivales con un nivel similar. Por ejemplo en el último título nacional, el Xeneize únicamente le ganó a River en los cuatro enfrentamientos ante los otros denominados grandes. El juego colectivo del equipo, en general, fue flojo y muy pocos partidos pueden destacarse como buenos. En la Libertadores se notó, ya que Boca llegó a la sexta fecha con chances de quedar eliminado de la Copa y tuvo que depender de otros resultados para clasificar a octavos.

En este mercado de pases, el club de La Ribera sumó a varios jugadores a su plantel. Para el ataque, uno es Mauro Zárate, un delantero top en el fútbol argentino con gambeta, determinación y pegada (aspecto que le hacía falta a Boca). Otro es Sebastián Villa, un extremo muy potente y veloz, quien salió campeón con Deportes Tolima en el último torneo colombiano. Con respecto a la defensa, Boca necesitaba un central con jerarquía y compró a Carlos Izquierdoz, líder del Santos Laguna -ganó el último campeonato nacional-. Aunque no podrá jugar los octavos por suspensión, sí ya estará disponible siempre y cuando el equipo clasifique. Y por último se añadió Lucas Olaza, uno de los mejores laterales izquierdos del país.

Boca ya contaba con lo mejor del continente incluso desde antes de estos fichajes, y lo único que hizo fue agregar todavía más talento al plantel. No será fácil, de todas formas, que todos juntos congenien. Principalmente porque Schelotto es fundamentalista de jugar casi siempre con un 4-3-3 y le cuesta moverse de ahí. Hay numerosos ejemplos de situaciones en las que utilizó a algunos jugadores en posiciones incómodas con tal de emplear este sistema táctico. El caso más reciente, para nombrar, podría ser el de insistir con mandar a Carlos Tevez de 9 para poder utilizar su esquema madre.

A priori, esto parece haber cambiado. Al menos en los amistosos de pretemporada, en el partido por Copa Argentina contra Alvarado, y con el 11 que se presupone jugará en la ida ante Libertad, el técnico argentino moverá algunas piezas para hacerle un lugar a Zárate (y relegarlo a Tevez al banco de suplentes). Es clave que juegue uno entre Edwin Cardona y Bebelo Reynoso, para sumarle un futbolista más de toque y pausa al equipo, porque solamente con Pablo Pérez en el centro del campo no alcanzará -especialmente en los partidos en La Bombonera, con el rival más encerrado-. En los encuentros de visitante Boca puede plantear otra estrategia, como por ejemplo juntar a Cristian Pavón con Villa y, de esta forma, contar con dos jugadores muy veloces en caso de jugar al contraataque.

Lo cierto es que el fútbol es de los futbolistas y Boca tiene a los mejores. Contar con tanto jugador talentoso y determinante le puede llegar a alcanzar para ganar la Libertadores, pero si el técnico argentino da en la tecla con el equipo aumentará considerablemente las chances de llevarse el título. La clave será la de controlar la transición de ataque-defensa, porque con tanto nivel diferencial en ataque, lo más común es que el equipo se parta y la Copa no perdona eso.

Del otro lado, Libertad está lejos de encontrarse en un momento ideal. Los dirigentes echaron, hace unas semanas, a Aldo Bobadilla, quien desde principios de 2018 había sido el entrenador de la institución. La decisión la tomaron luego de la derrota contra Sportivo Luqueño, en la primera fecha del campeonato local, en la que iban ganando 2 a 0 y el rival le terminó remontando.

El Gumarelo no había tenido un gran primer semestre en el año. Concluyó tercero en el torneo Apertura, a tres y catorce puntos de Cerro Porteño y Olimpia, respectivamente. En contrapartida, en la Libertadores sí se clasificaron de buena forma a los octavos de final. Le tocó un grupo débil –el segundo de la zona fue Atlético Tucumán– y lo supieron sortear. No obstante ese momento, con dinámica positiva, parece haber desaparecido. Porque tras el comienzo del Clausura 2018, Libertad solamente sacó dos puntos, de 12 posibles, y actualmente se encuentra último en el torneo.

El conjunto paraguayo tiene un plantel con experiencia –o viejo, dependiendo de la mirada de cada uno– con referentes en la defensa como Paulo César Da Silva (38) y Antonín Alcaraz (36) –aunque suele ser suplente– con Edigio Arévalo Ríos (36) en el centro del campo y con Óscar “Tacuara” Cardozo (35) de referencia en el ataque. La juventud la aporta Ángel Cardozo Lucena, un volante mixto de 23 años. Debutó con la selección mayor en 2018, en un amistoso contra Japón, pero ya había tenido experiencia con Paraguay en el Sudamericano sub-20 que se jugó en Argentina (salió subcampeón).

Otro futbolista para destacar del equipo es Alan Benítez (24), el lateral derecho, quien pega justo en la idea de Libertad que es la de emplear un juego directo y el ser vertical. El paraguayo es veloz, tiene profundidad y es criterioso con la pelota. Sin embargo, una lesión lo prohibió de jugar ante Independiente de Campo Grande, el viernes pasado, y parece que no llegará a la ida de los octavos de final de Copa.

El Gumarelo suele encerrarse, achicar espacios y utilizar mucho a Tacuara Cardozo en el juego directo. A Boca le cuesta enfrentarse a equipos que se le repliegan y que lo obligan a ser creativo para generar juego. El problema es que el Xeneize, en La Bombonera, va a buscar encerrar a Libertad poco a poco y no permitirle iniciar ningún contraataque. Si los paraguayos no logran respirar de vez en cuando, en cualquier momento caerá el gol en contra y puede terminar en goleada.