Hakmarrje es la palabra en albanés para “revancha”. El albanés es un idioma hablado por unas cinco millones de personas en el mundo. Dos de los hogares de este planeta donde se utiliza esa lengua son las casas de las familias Xhaka y Shaqiri. Esas casas están en Suiza, aunque el albanés es lengua oficial sólo en Albania y Kosovo. Los Shaqiri y los Xhaka son uno de los tantos albaneses de Kosovo, que era entonces, a principios de la última década del siglo XX, una provincia autónoma de la República Serbia, una parte de la República Federativa Socialista de Yugoslavia, la que compartía con Croacia, Bosnia & Herzegovina, Macedonia, Montenegro y Eslovenia.

Kosovo está al suroeste de Serbia, entre ese país y Albania. Allí entonces conviven dos etnias: los serbios y los albaneses. Los serbios se asentaron ahí mucho antes en la historia, pero fueron desplazados en el siglo XIV y fue creciendo una comunidad albanesa que profesa el Islam. Para fines del siglo XX, los albaneses en esa zona eran realmente muchos más que los serbios y cada vez ganaban más autonomía respecto a Serbia, pero la minoría serbia se sentía oprimida. El movimiento nacionalista serbio liderado por Slobodan Milosevic tomó la expresión de estos serbios y comenzó a dar batalla contra todos. Finalmente en 1989 lograron revocarle a Kosovo esa pequeña autoridad, mientras que Yugoslavia comenzaba a separarse. En 1991 declararon su independencia los albano-kosovares, y en ese momento de plena crisis fue cuando los Xhaka y Shaqiri buscaron asilo en Suiza. Xherdan Shaqiri, un niño de un año, viaja con su familia, mientras que Ragip y Eli, los padres de Granit Xhaka, viajaron a Basilea antes de que nazca su hijo.

Ragip, el padre del volante central, estuvo tres años y medio detenido como preso político en la Yugoslavia de los 80 por protestar ante el gobierno. Hicieron a tiempo de huir: la década de los 90 fue la década de la guerra, con choques entre el ejército yugoslavo y el ejército de liberación de Kosovo. Los crímenes étnicos entre serbios y albanokosovares no se frenaban. Aún hoy Serbia se niega a reconocer la independencia de Kosovo, declarada en 2008 y reconocida por más de 110 estados en el mundo

En el 2014, un partido entre Serbia y Albania disputado en Belgrado terminó en escándalo. Un dron con la bandera de la “Gran Albania”, el sueño de los nacionalistas albaneses, fue agarrado por el delantero serbio Stefan Mitrovic. Esto desató una tángana enorme entre serbios y albaneses y el partido debió suspenderse. Taulant Xhaka, hermano de Granit, estaba vistiendo la camiseta visitante en ese partido.

Xhaka y Shaqiri son uno más de tantos hijos “adoptivos” de Suiza, selección a la que eligieron por ser el fútbol que los formó y por tener mucha más competitividad que Albania, mientras que Kosovo recién es una opción para elegir como Selección desde 2014, cuando ambos ya vestían la camiseta de Suiza.  Igualmente, ni Xhaka ni Shaqiri se olvidaron de su sangre, de su casa, de su familia, de su origen. El ex Bayern Munich, que lleva la bandera suiza en un botín y la kosovar en el otro y que fue criticado por no cantar el himno suizo en un Suiza-Albania disputado en 2012, sentía el partido de esta noche ante Serbia como una cuestión personal. Él, Valon Behrami y Xhaka, como todos los albaneses que lo seguían por televisión.

Al comenzar el partido en Kaliningrado, el centrodelantero Aleksandr Mitrovic anotó un cabezazo bárbaro para el 1-0 serbio. La joven torre del Fulham había pedido hace un tiempo “si tan patriotas son los albanokosovares, que no jueguen para Suiza”. Un protagonista del escándalo del dron le daba el pase momentáneo a octavos de final a Serbia por primera vez desde que participan en soledad, sin estar junto a otra república balcánica. Pero Xhaka y Shaqiri tenían otra idea para los planes de Serbia. A los 52 minutos el del Arsenal empató el partido, y a los 90 el delantero le dio los tres puntos a Suiza con una corrida que su comunidad nunca olvidará. Para colmo, ambos festejaron su gol haciendo el gesto del águila de dos cabezas de la bandera de Albania.

En las calles de Kosovo antes del partido se podían observar banderas suizas. Así como los goles de Ahmed Musa se gritaron en Lagos y en Buenos Aires, los de Xhaka y Shaqiri se replicaron en varios lugares. No sólo dejaron a Suiza a punto de clasificarse a octavos de final, algo que deberán cerrar con un empate ante una Costa Rica eliminada, sino que se desquitaron ante Serbia y dejaron a los balcánicos prácticamente obligados a ganarle a Brasil. Hakmarrje consumada para ellos.